
¿Necesitamos inteligencia artificial para decidir qué pedir en cafés? En EEUU, Starbucks desarrolla una app que sugiere bebidas según tu antojo, outfit o humor
¿Será que esto es una innovación tecnológica o simplemente estamos tan estimulados que no sabemos qué pedir?
Elegir qué tomar también es parte de la experiencia de ir por un café. Sin embargo, entre menús extensos, combinaciones personalizadas y bebidas virales, decidir puede convertirse en otra tarea que resolver. En Estados Unidos, Starbucks apuesta por la inteligencia artificial para hacer más sencilla esa elección, aunque también abre una pregunta: ¿necesitamos tecnología para descubrir qué se nos antoja?
El 15 de abril de 2026, la cadena anunció la versión beta de su aplicación dentro de ChatGPT, una herramienta que permite descubrir bebidas a partir de una descripción, una emoción o incluso una fotografía. La idea es que el consumidor no tenga que conocer el nombre de una preparación: basta con escribir que busca algo refrescante, necesita energía por la tarde o quiere una bebida que no sea demasiado dulce. También puede compartir una imagen de su outfit, su espacio de trabajo o el clima para recibir sugerencias relacionadas con ese contexto.
Una vez elegida la bebida, la herramienta permite personalizarla, seleccionar una sucursal e iniciar el pedido desde ChatGPT, para completar el pago en la aplicación de Starbucks o en su sitio web. La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia de la compañía para facilitar el descubrimiento de productos, en un mercado donde las tendencias de redes sociales y las combinaciones personalizadas influyen en lo que los clientes quieren probar.
La propuesta tiene sentido en una industria que vende mucho más que café. Las bebidas también funcionan como accesorios de identidad: los colores, los ingredientes, la presentación y hasta el vaso pueden formar parte de una estética que se comparte en redes sociales. Elegir un latte puede responder al antojo, pero también al deseo de probar lo que está de moda o encontrar algo que combine con el momento.
En ese escenario, la inteligencia artificial aparece como una intermediaria entre lo que sentimos y lo que consumimos. Puede traducir una idea vaga en una bebida concreta, reducir las opciones y sugerir combinaciones que quizá no habríamos considerado. Pero también convierte una decisión cotidiana en una oportunidad para automatizar otro aspecto de nuestra vida.
¿La tecnología nos ayuda a descubrir nuestros gustos o nos acostumbra a necesitar recomendaciones para reconocerlos? No hay nada de malo en pedir sugerencias cuando el menú parece interminable. La cuestión es si estamos ganando nuevas formas de explorar o perdiendo la costumbre de elegir por intuición.
Tal vez no necesitamos inteligencia artificial para decidir qué tomar. Sin embargo, en una cultura donde hasta el antojo puede convertirse en contenido, Starbucks parece apostar por una idea: el siguiente paso de la personalización no consiste únicamente en preparar una bebida a nuestro gusto, sino en ayudarnos a descubrir cuál es ese gusto antes de pedirla.












































































































































































































































