
Paseo por la nostalgia. ¿Imaginas poder regresar al Monterrey de los años 90? Aquí 3 restaurantes que eran imperdibles y hoy ya no existen
¿Qué hace a un lugar icónico? Mientras que algunos piensan que es su sabor, otros dicen que son los recuerdos que han dejado en su comunidad.
Monterrey ha cambiado en los últimos años incluso en su gastronomía. Aquí compartimos la historia detrás de tres restaurantes que en su momento fueron espacios significativos para la comunidad regiomontana. A pesar de su larga trayectoria tuvieron que cerrar sus puertas y hoy siguen haciendo falta. ¿Cuál agregarías a la lista?
El Tío (1931 - 2017)
Ubicado entre las avenidas Hidalgo y Constitución, en la antes ilustre colonia Obispado, el restaurante El Tío abrió sus puertas en 1931. Ofrecía un ambiente campestre en medio de la ciudad. Bajo la sombra de los árboles añosos, los parroquianos podían consumir una variedad de platillos tradicionales de Nuevo León como el cabrito cocinado en horno de leña de mezquite, el puchero de res, la lengua en salsa y los frijoles a la charra, además de los indispensables cortes tradicionales como el diezmillo y las agujas, o el filete “Tío”.
La sazón provenía de doña Aurora Ortiz, esposa de don Rodrigo Velarde Reyes, fundador del restaurante. Ya desde antes de sus inicios, cuando se le conocía como la “Quinta Calderón”, El Tío era sede de paseos familiares, banquetes y tertulias en donde se daba cita la sociedad de Monterrey, así como notables visitantes. Según las leyendas y anécdotas de los memoriosos, entre los comensales se llegaron a contar figuras de distintos ámbitos, tanto locales como nacionales y extranjeras. Por citar unos cuantos ejemplos: don Porfirio Díaz, el general Álvaro Obregón, el matador Eloy Cavazos, el presidente Vicente Fox y su homólogo estadounidense George W. Bush, y luminarias del cine mexicano como Pedro Vargas, Miroslava, Dolores del Río, María Félix y Cantinflas.
Los últimos años del Tío fueron más bien grises, hasta que, finalmente, cerró sus puertas en 2015, víctima de una combinación de factores como la crisis económica, los cambios en la zona y en los hábitos y gustos de la gente de Monterrey y, el colmo, la inseguridad que puso en jaque al Nuevo León de aquellos años. Tristemente, el local fue demolido y los árboles talados poco tiempo después, sin ser objeto de un mínimo respeto por el significado histórico del lugar. Actualmente, en el predio polvoso y arrasado sólo se encuentran un par de restaurantes de comida rápida que nada tienen que ver con el que fuera uno de los establecimientos más emblemáticos de Monterrey.

El Regio (1962-2023)
Si bien de manera oficial El Regio aún existe en San Nicolás de los Garza, el sentimiento predominante en Monterrey es que la historia del restaurante El Regio acabó en 2023, cuando fue demolido el local original ubicado en el cruce de Gonzalitos e Insurgentes, frente a Galerías Monterrey, y que fuera el que le dio fama a su propietario, Don José Inés Cantú Venegas (aunque cabe señalar que ni era éste el local original, ni Don José Inés el fundador de “El Regio”).
Don José Inés fue un emprendedor originario de Pesquería, Nuevo León, quien durante los años cincuenta y sesenta se dedicaba a abastecer de carne de res importada a algunos exclusivos restaurantes de Monterrey. En sus andanzas por Texas descubrió un corte que era poco apreciado por los consumidores locales. Proveniente del costillar, era muy económico y, lo más importante, desconocido en México, por lo que don José Inés tuvo la idea de traerlo y ofrecerlo como “arrachera” (término que hace alusión al cincho con el que se amarra el vientre a los caballos).
Por su naturaleza, la arrachera es fibrosa y más bien dura. La clave para una preparación exitosa consiste en marinarla y sazonarla de manera adecuada. El Regio dominó esta técnica y conquistó un sitio prominente entre los restaurantes locales especializados en carnes asadas, volviéndose un destino inevitable en los itinerarios de visitantes nacionales e internacionales que deseaban probar los auténticos cortes norestenses, sobre todo, claro está, la arrachera.
El ambiente en el inmenso local era festivo, los tríos y mariachis eran habituales y, además de operar como restaurante, llegó a volverse muy popular en la organización de eventos sociales. Sin embargo, tras perder terreno ante una creciente competencia en el sector, El Regio corrió la misma suerte de otros restaurantes que no lograron recuperarse del golpe que representó la pandemia del coronavirus.

Riex Delicatessen (1980 - 2022)
En la década de los noventa, la ciudad no tenía ni el número ni la diversidad de opciones culinarias que hoy se dan por sentado. Al abrir sus puertas en este contexto, el Riex Delicatessen se convertía en una especie de precursor de la transformación gastronómica que arribaría en los siguientes años.
Ubicado en la avenida Humberto Lobo hacia el sur, se trataba de un establecimiento que vendía (como su nombre indicaba) carnes frías y otras delicias propias de la cocina europea. Salami, jamón de pierna, serrano, selva negra, quesos gouda, camembert y brie, aceitunas de todo tipo, panes, vinos y café se contaban entre los productos disponibles para los clientes, quienes además podían almorzar o cenar en el local diferentes platillos que fueron volviéndose más complejos y variados tras el éxito inicial.
Su propuesta encontró gozo de aceptación entre la clientela de Monterrey y San Pedro, lo cual le permitió abrir un nuevo local en la avenida Vasconcelos, por el rumbo de Jerónimo Siller. Replicando el concepto de restaurante y tienda gourmet, el Riex gozó de algunos años de buena fortuna entre los comensales, quienes podían aprovechar una salida a comer o a cenar para luego abastecerse de ultramarinos variados para llevar a casa.
Las tortas, pastas, pero sobre todo las pizzas en horno de leña fueron muy populares, llegando a ser ofrecidas con entrega a domicilio en una época en que prácticamente las únicas opciones existentes eran franquicias extranjeras que privilegiaban la velocidad de la entrega por encima del sabor de las pizzas.
La apertura de una nueva sucursal en el Centrito, y el cambio de nombre a Mercado Cordón Bleu fueron una especie de preludio de la última etapa del establecimiento, el cual, finalmente despareció sin mucho ruido, motivado en parte por la nueva oferta de productos gourmet en supermercados y el surgimiento de nuevos competidores.



















































































































































































































































