
¿Hasta dónde llegará la obsesión por la proteína en NL? Smoothies, yogurt, cafés, paletas de hielo, solo falta que también lancen pasteles adicionados con este polvo
Será que el contenido de proteína también se vuelva una etiqueta, así como los postres "sin gluten", "sin azúcar refinada", o "veganos".
Hubo un momento en el que la proteína parecía pertenecer exclusivamente a los gimnasios, los planes alimenticios y los botes de suplementos que se preparaban después de entrenar. Ahora aparece en smoothies, yogurt, cafés, paletas de hielo y cada vez más productos que no necesariamente asociamos con la nutrición deportiva. En Nuevo León, donde la cultura del ejercicio y el cuidado físico tiene una presencia importante, la pregunta es hasta dónde llegará esta tendencia.
La proteína dejó de ser un ingrediente exclusivo para convertirse en un argumento de venta. Ya no basta con que una bebida sea rica, refrescante o tenga buen café: también puede prometer aportar gramos de proteína. Lo mismo sucede con los postres y los snacks, que encuentran en este nutriente una manera de presentarse como opciones más funcionales.
El fenómeno tiene cierta lógica. Cada vez hay más interés por conocer qué comemos, cuántos gramos de proteína consumimos y cómo podemos alcanzar nuestros objetivos alimenticios sin depender únicamente de comidas completas. Para quienes entrenan o buscan aumentar su consumo de este nutriente, encontrarlo en productos cotidianos puede resultar práctico.
Sin embargo, también aparece una contradicción: ¿en qué momento comenzamos a medir el valor de un alimento por la cantidad de proteína que contiene? Un café puede ser simplemente un café y una paleta de hielo puede disfrutarse sin necesidad de justificarla nutricionalmente. Pero cuando las marcas incorporan proteína a sus productos, el consumo también cambia de discurso: ya no se trata solamente de darse un gusto, sino de hacerlo sentir como una decisión saludable.
Esto no significa que agregar proteína sea negativo ni que todos los productos respondan únicamente a una estrategia comercial. El problema aparece cuando confundimos un nutriente con una garantía de calidad o bienestar.
En Monterrey, donde la oferta de cafeterías, barras de smoothies y propuestas enfocadas en el bienestar sigue diversificándose, será interesante observar qué otros alimentos terminarán incorporando este ingrediente. ¿Veremos pan dulce, galletas o pasteles con proteína añadida?
Quizá no falte mucho para que hasta el antojo necesite demostrar cuántos gramos de proteína aporta. La pregunta es si realmente necesitamos que todo lo que comemos cumpla una función adicional o si todavía podemos disfrutar un alimento sin convertirlo en parte de nuestro plan nutricional.





















































































































































































































































