
¿Cómo sería Día de muertos en MTY si lo hubiéramos abrazado totalmente hace décadas? Habría rutas por el panteón, más eventos y platillos regios para honrar la vida
Actualmente, los mismo regios señalan el Día de muertos como una tradición "chilanga" o sureña, sin distinguir el valor que trae a todo el país.
En Monterrey, el Día de Muertos suele llegar acompañado de altares, pan de muerto y algunas actividades culturales. Sin embargo, es inevitable preguntarse cómo sería la ciudad si esta tradición hubiera ocupado un lugar más importante en nuestra vida cotidiana desde hace décadas. Quizá hoy tendríamos una celebración tan reconocible como la carne asada, los festejos patrios o las reuniones familiares de fin de año.
Imaginemos una ciudad con recorridos históricos por los panteones, donde las familias y los visitantes pudieran conocer las historias de personajes que formaron parte de Nuevo León. Cementerios como el del Carmen podrían convertirse en espacios de memoria, con visitas guiadas, relatos sobre antiguos habitantes y actividades para entender cómo ha cambiado Monterrey a través de sus muertos. No como una experiencia de terror, sino como una forma de acercarnos a nuestra historia.
También podríamos tener una agenda cultural mucho más amplia. Festivales en plazas, mercados de temporada, exhibiciones de altares en distintos municipios y celebraciones comunitarias que no dependieran únicamente de las escuelas o las instituciones culturales. Incluso los restaurantes y cafeterías podrían haber desarrollado propuestas especiales para estas fechas, más allá de decorar sus espacios con calaveras y papel picado.
La gastronomía sería otra parte interesante de imaginar. ¿Qué platillos regios prepararíamos para honrar a quienes ya no están? Tal vez una versión propia de los alimentos que se colocan en las ofrendas: tamales, cabrito, cortadillo, empalmes, pan de elote o dulces tradicionales que recordaran las recetas de nuestros abuelos. No necesariamente tendrían que convertirse en una tradición oficial; bastaría con que cada familia reconociera ciertos sabores como parte de su memoria.
Por supuesto, Monterrey tiene sus propias costumbres para recordar a sus difuntos y no necesita reproducir exactamente las celebraciones de otras regiones. Pero quizá, si hubiéramos abrazado el Día de Muertos con mayor fuerza desde hace generaciones, hoy tendríamos más formas de compartirlo.
La pregunta es qué tanto de esa celebración todavía podemos construir. Porque las tradiciones no aparecen de un día para otro: se forman cuando una comunidad decide repetirlas, transmitirlas y hacerlas suyas.


















































































































































































































































