
Halloween puede ser divertido, pero carece la riqueza gastronómica de Día de muertos: platillos simbólicos, guisos tradicionales y recetas heredadas por generaciones
Esto no quiere decir que tenemos que ser "anti-Halloween" sino que hace falta reconocer el potencial y la riqueza gastronómica en nuestras tradiciones.
Cada año, Halloween llena las calles de disfraces, calabazas, fiestas temáticas y dulces. Es una celebración divertida que ha encontrado su lugar en México, pero cuando se trata de gastronomía, el Día de Muertos tiene una relación mucho más profunda con la comida. No se trata únicamente de preparar algo de temporada, sino de conservar sabores que forman parte de la memoria familiar.
El pan de muerto es quizá el ejemplo más evidente. Su presencia en panaderías, mesas y altares marca una temporada que difícilmente pasa desapercibida. Aunque hoy existen versiones rellenas de crema, chocolate, nata o sabores novedosos, su significado va más allá de las tendencias: es una preparación que anuncia una fecha y conecta distintas generaciones alrededor de un mismo alimento.
Pero la tradición no termina en el pan. En distintas regiones de México, las ofrendas también incluyen guisos, tamales, mole, frutas, bebidas y platillos que eran del gusto de quienes ya no están. La comida deja de ser solamente alimento para convertirse en una forma de recordar. Cocinar aquello que preparaba una abuela, servir el platillo favorito de un familiar o conservar una receta escrita a mano son maneras de mantener viva su presencia.
En Nuevo León, esta relación también se expresa a través de preparaciones como los tamales, el dulce de calabaza y otros sabores que aparecen en las mesas familiares durante estas fechas. No todas las familias celebran de la misma manera, pero muchas comparten algo: la comida ocupa un lugar importante en el recuerdo.
Halloween también tiene sus propios alimentos, desde caramelos hasta postres inspirados en monstruos y calabazas. Sin embargo, buena parte de su consumo gira alrededor de la experiencia temática y la diversión. En el Día de Muertos, en cambio, cada platillo puede tener una historia detrás.
Quizá por eso vale la pena mirar más allá de los altares y las decoraciones. Las flores y las fotografías ayudan a recordar, pero también lo hacen los sabores. Porque una receta heredada no solo conserva ingredientes y formas de preparación: guarda historias familiares que, mientras alguien siga cocinándolas, no desaparecen.






















































































































































































































































