
“El reto de las mujeres que emprenden en la gastronomía de Nuevo León es hacer visible su trabajo”: una reflexión de Valentina Salazar
A través de Ella Emprende, 50 mujeres regiomontanas trabajan en su formación en marketing gastronómico.
Emprender en la gastronomía casi siempre empieza desde un acto íntimo de amor y resistencia. En Nuevo León, detrás de una cocina oculta, un taller de repostería, una cafetería o un proyecto de comida tradicional, casi siempre hay una mujer sosteniendo mucho más que una receta: sostiene a su familia, su independencia y sus sueños.
Sin embargo, en el camino hacia la profesionalización hay una barrera silenciosa con la que casi todas nos topamos: el miedo a exponerse.
Para muchas mujeres, ponerse frente a una cámara, hablar de su trabajo o mostrar el proceso detrás de sus creaciones genera una parálisis real. Aparece el síndrome de la impostora, la duda de «¿a quién le va a interesar lo que hago?» o el agobio de enfrentarse a las redes sociales sin una brújula clara.
Por años nos enseñaron a trabajar en silencio detrás de los fogones, pero en el mundo de hoy, lo que no se comunica con intención simplemente no existe.
Ese ha sido el corazón de mi trabajo dentro del programa Ella Emprende, donde acompaño a 50 mujeres regiomontanas en su formación estratégica de marketing gastronómico.
- La ruta clara que desarma la incertidumbre.
El miedo suele ser solo falta de claridad. Cuando una emprendedora no tiene un método, publicar se convierte en una carga pesada y desgastante. Por eso, el primer gran paso no fue hablarles de fórmulas impersonales ni de trucos algorítmicos, sino trazar una ruta a seguir.
Una ruta que empieza por reconciliarse con su propia verdad: entender que su historia es única. Nadie cocina con su misma sazón, nadie tiene sus mismas vivencias y nadie cuida el detalle como ellas.
Cuando una mujer comprende que su historia personal no es un detalle menor, sino el mayor diferenciador de su marca, la narrativa cambia por completo: ya no intentan vender un producto genérico, están compartiendo su identidad con el mundo.
- De la teoría a la acción: el clic que lo cambia todo
El verdadero poder de este proceso no se queda en el discurso; se vive en el aula.
Durante nuestra sesión presencial contamos con la participación del fotógrafo Israel Albornoz, quien nos acompañó para desmitificar la producción visual gastronómica. Con celular en mano, sin equipos inalcanzables, las 50 emprendedoras aprendieron a leer la luz, a componer texturas, a cuidar los ángulos y a capturar la esencia real de sus platillos.
Pero lo más hermoso fue lo que ocurrió apenas terminamos de practicar: el miedo se transformó en acción. Varias de ellas se atrevieron a publicar de inmediato las fotografías que acababan de tomar.
Horas después, los mensajes comenzaron a llegar: una de ellas ya estaba recibiendo pedidos directamente a través de esa primera foto publicada con técnica, estrategia y orgullo.
Ese instante resume todo el programa. No se trata solo de acumular likes o de seguir tendencias pasajeras; se trata de validar que cuando una mujer se atreve a mostrar el valor de lo que hace, el mercado responde de inmediato.
- Sostener el crecimiento juntas.
Ver a 50 mujeres perderle el miedo a la exposición pública, apoyarse entre sí, celebrar los logros de la compañera y entender que su trabajo merece ser visto y pagado con justicia, confirma por qué hacemos esto.
La gastronomía en Nuevo León no solo se escribe en los grandes manteles corporativos; se construye día a día en estas cocinas llenas de carácter y esfuerzo. Y cuando una mujer se adueña de su voz, pierde el miedo a la vitrina digital y camina con una ruta clara, no solo transforma las ventas de su negocio: transforma su vida entera y la de su entorno.










































































































































































































































