
¿Qué tan incómodo puede ser sentarse en una mesa comunal a comer con extraños? Aunque sabemos que muchos lo evitarían, hoy parece ser una tendencia emergente
Según un artículo de Business Insider, las personas de la generación Z disfrutan mucho más compartir una mesa que otras generaciones.
Estamos acostumbrados a compartir la mesa con gente de nuestro círculo social: familia, amigos, compañeros de trabajo, etc. Una tendencia emergente, de acuerdo con una nota de Business Insider son las mesas comunales, es decir, mesas muy largas que permiten que más de un grupo de personas se siente en el mismo espacio.
El artículo utilizaba datos de Resy, una compañía americana de reservas en restaurantes. Según su reporte de 2025, un 63% de los encuestados comentaron que las mesas comunitarias eran una gran forma de conocer gente nueva. De ese mismo grupo de personas 1 de cada 3 mencionó hacer un amigo nuevo mientras que 1 de cada 7 consiguió una cita romántica.

Foto extraída de Pinterest
Estas cifras podrían indicar que las mesas comunales son en general una experiencia positiva, sin embargo también hay casos y artículos en sitios como Eater y Reddit en los que se comparten situaciones incómodas en cenas y mesas comunales: conversaciones interminables, comentarios extraños e interacciones que de alguna forma u otra, arruinan la experiencia en el restaurante.
En Residente hicimos una encuesta rápida para contrastar la información. La gran mayoría de regiomontanos comentó que no les desagradaba una mesa comunal, sin embargo depende de la ocasión. Al estar solos sí se sentarían en este tipo de mesas, pero cuando van acompañados siempre van a preferir una mesa más privada. En general mostraron mayor aprobación por las mesas compartidas en cafés y fondas.

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Compartir la mesa no siempre tiene que ser algo incómodo o un requisito para socializar, muchas personas utilizan estos espacios para trabajar. Las mesas y barras amplias son muy aclamadas en cafeterías, ya que se ha puesto de moda hacer "home office" o "co-working" en estos espacios. Cada quién elige su silla, se coloca sus audífonos y utiliza el espacio para estudiar o adelantar pendientes.
En este sentido, las mesas comunales se transforman en una herramienta de trabajo y no en una vía para conocer gente nueva o para sentirte acompañado. Esto resulta contraproducente, pues parte del propósito y la razón de su regreso es justamente la necesidad de conectar. Ante el aumento de la sensación de aislamiento y soledad en el mundo, parece que se vuelve cada vez más importante repensar la forma en la que convivimos y comemos.
¿Crees que debería haber más restaurantes con mesas comunales en Monterrey?

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