
¿Vamos al cine a ver la película o a comer? Antes bastaba con palomitas y refresco, ahora hay boneless, crepas, helado, café, y hasta ensaladas como opción "light"
Antes de 1930 estaba prohibido entrar con comida a la sala, hoy es imposible pensar en algún cine que no ofrezca alimentos para acompañar la película
La historia detrás de la comida de cine es muy interesante. Actualmente la oferta dentro de estos establecimientos es enorme y podríamos decir que casi es posible comer o cenar ahí. El menú dentro de los cines ya incluye platillos en forma: hamburguesas, boneless, quesadillas e incluso postres como rebanadas de pastel.
Poco a poco, la experiencia de ir al cine se ha vuelto también una experiencia gastronómica. Quizás el mejor ejemplo de ello, en Nuevo León, sea Epic Cinemas ubicado en Metropolitan Center, cuyo menú son productos de los restaurantes dentro de la plaza.
Aunque ahora resultaría extraño, en 1930 la comida no estaba permitida dentro de las salas de cine en Estados Unidos. Las primeras en aparecer fueron las bolsas de palomitas, las cuales la gente metía a escondidas. Entre la crisis económica de la Gran Depresión y la imposibilidad de frenar esta conducta, los dueños de los cines decidieron comenzar a vender esta botana dentro del cine.

Esto acostumbró a las personas a comer frente a una pantalla y cuando se comercializaron las televisiones, las familias empezaros a replicarlos en casa: sentarse a cenar todos juntos mientras veía su show favorito. Pero este hábito no sólo se debe al cine, sino a la sensación de dopamina que produce nuestro cerebro al combinar ambas acciones.
Resulta pues, que está comprobado que comer viendo un programa o película incrementa la dopamina, un neurotransmisor conocido popularmente como la hormona de la felicidad. Eso sí, el hábito de comer en el cine también es un producto de una estrategia de negocios.
Un artículo de la revista Time explora el vínculo del cine con la comida y explica que hasta el mismo ambiente del cine nos provoca antojo o "ganas de comer". Las luces bajas, por ejemplo, estimulan el apetito y el tipo de película también puede afectar nuestra decisión sobre qué ordenar de la dulcería.
Finalmente, comer en el cine es una conducta heredada y aprendida que hemos estado replicando desde hace casi 100 años. Si bien es parte de una estrategia de mercado de los cines en todo el mundo, nos atrevemos a decir que es más bien un ritual cultural. Conforme más nos adaptemos a comer frente a las pantallas, ya sean gigantes o pequeñas como las del celular, la variedad de alimentos dentro de estos establecimientos seguirá ampliándose.
¿Tú qué opinas?

Fotos extraídas de Pinterest.




















































































































































































































