
Hay bares en MTY que tienen su propio ritmo: su barra no solo marca el ambiente, sino define toda la experiencia. Aquí las recomendaciones de Alberto Martínez
No todas las noches empiezan con un plan. A veces basta con encontrar una buena barra para que todo lo demás suceda solo.
Una ruta donde la barra es protagonista y cada lugar tiene su propio ritmo. Desde cócteles bien ejecutados a cafés que se transforman en experiencias completas, estos espacios no solo se visitan: se viven. Cuatro paradas distintas entre sí, pero con algo en común: saben exactamente cómo hacer que quieras quedarte.
Ajenjo
Coctelería y una barra donde siempre pasa algo. Eso fue lo que me pasó en Ajenjo. Desde que cruzas la puerta, el ambiente invita a bajar el ritmo: buena música, una barra siempre viva y un equipo que entiende que la hospitalidad también forma parte de la experiencia.
Mi cóctel favorito fue el Nitro Espresso Martini. Utilizan nitrógeno para lograr una espuma cremosa y una textura sedosa que vuelve cada sorbo mucho más interesante. Dulce, equilibrado e igual de buena idea para empezar o cerrar la noche.
Si tienen oportunidad, siéntense en la barra. Es el mejor lugar para ver el trabajo de los bartenders, platicar y dejarse sorprender con alguna recomendación. Los jueves hay jazz en vivo y los domingos norteños el ambiente cambia por completo, dos muy buenas razones para volver.

Roland Café
La esencia de una cafetería convive con una barra de coctelería, acompañada por una excelente selección musical.
Aproveché un domingo para almorzar y fue una excelente decisión. Los Chilaquiles Roland, preparados con carne seca, tomates fritos y una salsa llena de sabor, fueron los protagonistas de la mesa. Los acompañé con un Jamaica Bajo Cero, una mezcla de cold brew, jamaica y limón que ya es uno de los clásicos de la casa.
Para cerrar y seguir recorriendo Barrio Antiguo, pedí un Flat White que confirmó que el café también es uno de sus grandes aciertos.
Uno de mis rincones favoritos fue el patio interior. La cocina abierta permite seguir cada preparación desde la barra, mientras un gran árbol se convierte en el corazón del espacio y le da una atmósfera difícil de encontrar en medio de la ciudad.

Anormal Gastrobar
Anormal, un gastrobar con una atmósfera sobria y relajada donde la cocina y la barra hablan por sí solas.
La carta invita a compartir, así que dejamos que fueran llegando varios platos a la mesa. Entre todos hubo uno que terminó robándose la conversación: su hamburguesa. Preparada con carne madurada, que ofrece un sabor mucho más profundo de lo habitual logrando un balance que hace que realmente valga la pena pedirla.
Para acompañarla, un Negroni fue la elección perfecta. Si pueden ir en miércoles, todavía mejor: el Negroni tiene un precio especial de $100, una excelente oportunidad para descubrir una barra que entiende muy bien los clásicos.

Almacén 42
Pocas cosas son tan intimidantes como un menú con decenas de cervezas cuando no sabes por dónde empezar. Por suerte, aquí nunca eliges solo.
Entrar a Almacén 42 es casi como visitar una pequeña fábrica de cerveza. Su fachada construida con contenedores y su estética industrial marcan el tono desde el primer momento, pero la verdadera experiencia comienza frente a la barra.
Aquí no importa si apenas estás descubriendo la cerveza artesanal o si ya conoces distintos estilos, el equipo siempre está dispuesto a recomendar opciones según tus gustos y lo que vayas a comer, haciendo que elegir entre tantas etiquetas también sea parte de la experiencia.
Mi recomendación es pedir un sampler. Es la mejor forma de comparar estilos, descubrir nuevos perfiles y encontrar esa cerveza que probablemente terminarás pidiendo completa.







































































































































































































