

No es tu imaginación: el elote de feria es una cosa y el elote de puesto es otra. ¿Por qué la comida de feria tiene un sabor diferente a la comida de siempre?
En todos los eventos y ferias de NL sirven la misma comida tradicional, pero de alguna forma su sabor es muy diferente a la comida callejera del día a día... ¿Tú cómo describirías ese sabor?
¿Qué viene a tu mente cuando hablamos de la comida de feria? De seguro elotes preparados, tacos, antojitos mexicanos, churros y quizás algún pan dulce. Este tipo de comida no tiene un nombre, pero debería tener uno especial. Así como todos entendemos lo mismo por comfort food, comida picante y postres empalagosos, los antojitos de la feria merecen una etiqueta que los englobe, ya que no es lo mismo consumirlos en el evento que comerlos en nuestro día a día.
La respuesta más sencilla es que la comida de feria sabe diferente por el contexto en el que los estamos comiendo, es decir, realmente no importa que el puesto de la feria sean los elotes de siempre, mientras la hayamos pasado bien, ese elote sabrá muy bueno. Resulta que muchos de los sabores que detectamos van más allá de las papilas gustativas y el sentido del olfato. Nuestro cerebro y las emociones tienen el veredicto final, eso explica porqué ir a restaurantes casuales o agachados puede ser una experiencia muy satisfactoria con la compañía correcta o bajo las circunstancias adecuadas.
El olfato es uno de los sentidos que tiene mayor vínculo a las emociones y a la memoria. Nuestro sistema olfativo está conectado con el sistema límbico del cerebro, que es el encargado de gestionar las emociones, la memoria y los instintos de supervivencia como el hambre y el miedo. Por eso cuando hay un aroma "rico", como el pan recién hecho o la carne en el asador, nos da hambre o antojo inmediatamente. Las ferias justamente replican esa situación, pues los puestos están al aire libre y los olores de las frituras viajan por el aire, llegando a nuestra nariz y por ende a nuestro cerebro. Siempre y cuando el aroma nos recuerde a algo "delicioso" tendremos una reacción positiva.
Las emociones del momento también tienen un peso importante en la clasificación del sabor de las botanas y platillos. Así como estar feliz puede hacer que los churros que comiste sean los mejores que has probado, estar triste puede provocar que no quieras volver a comerlos en un largo periodo de tiempo. Las asociaciones que hacemos con la comida son cruciales. En la ferias y kermeses el punto es divertirse, entonces al pedir un snack o cenar en estos espacios, inconscientemente estamos creando un vínculo entre el sabor, el olor y la felicidad. Básicamente, nuestro cerebro procesa que comer esos productos también es sinónimo de "estar bien".
Finalmente, se crea una expectativa y un hábito. Si siempre que voy a la kermés, veo y pruebo los mismo puestos, cada que vaya voy a esperar lo mismo. La comida de feria, en ese sentido, es como un patrón de variedad, sabor y emociones. Es por eso que cuando hay un stand nuevo, lo notamos al instante o cuando algo no sabe igual, inmediatamente decimos que "le bajaron la calidad" o "ya chafearon". En general, y por estas razones, pensamos que la comida de feria debería tener su propio sabor, pues se encuentra en una delgada línea entre la comfort food (entendida como algo monchoso o grasoso) y la comida mexicana (en nuestro caso). Decir nostálgico no incluye la experiencia de ir por primera vez y decir reconfortante no contempla los extremos de sabor, tales como las combinaciones picosas o las "bombas al estómago".
¿Tú qué opinas: el sabor de las ferias sí es el mismo en todas partes?
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