
Hay restaurantes que visitamos por su oferta gastronómica, y hay otros que van más allá y nos "restauran", que se convierten en espacios de confort llenos de memoria
No tiene que ver exclusivamente con la nostalgia, sino con el significado personal y cultural que le damos a ciertos lugares.
Hay restaurantes que se vuelven "hitos", se convierten en lugares que visitamos por las emociones que evocan. Esa sensación muchas veces puede superar la propuesta gastronómica y es algo completamente personal. Esto tiene que ver con las diferentes dimensiones que tiene un restaurante y cómo los espacios forman parte de nuestra historia de vida.
La etimología de la palabra restaurante viene del francés "restaurant", la cual deriva del latín "restaurare" que significa restaurar. Se dice que todo comenzó con un hombre llamado Boulanger, quien vendía caldos bajo el lema: "Venid a mí todos los que tenéis el estómago cansado y yo os restauraré". Al mismo tiempo, en algunas regiones de Francia se utilizaba la palabra "restaurant" para los caldos que daban a las personas enfermas para restaurar su energía.

Foto: Casagrande
Lo anterior quiere decir que los restaurantes siempre se han relacionado al confort o al acto de estar bien. Bajo este contexto, un restaurante puede tener tres funciones principales: satisfacer la necesidad básica de alimentarse, restaurar a los comensales o brindar placer (aquí es donde cabe la cocina de autor, las propuestas gastronómicas más elevadas y la costumbre de comer algo porque nos gusta o se nos antoja).
La dimensión restaurativa de los restaurantes es completamente subjetiva. Este vínculo con los comensales se construye a partir de las experiencias que ellos tienen dentro del establecimiento. Esas experiencias no solo tienen que ver con el sabor de la comida, sino con todo lo que ocurre en el momento de la visita: con quién ibas, cómo te sentiste en ese lugar, por qué llegaste ahí en un principio, etc.

Foto: La Embajada
Hasta cierto punto podríamos decir que es culpa de la asociación, esta capacidad que tenemos de unir dos elementos entre sí. A pesar de que cualquier lugar puede estar asociado a una emoción, los restaurantes son puntos de reunión que pueden dejar impresiones más fuertes porque usamos todos nuestros sentidos activamente: el gusto, el tacto, la vista, la escucha y el olfato.
Por eso es fácil tener restaurantes con "usos personales específicos", es decir lugares para celebrar, tener conversaciones difíciles, recordar, divertirse, etc. aunque sus instalaciones o platillos no correspondan a la ocasión. Por ejemplo, puedes festejar una graduación en McDonald's porque ese era el lugar al que fuiste después de enterarte que pasaste el examen de admisión. También podrías ir a tener una conversación seria en una taquería de la esquina porque ahí es dónde lloraste por primera vez con tu grupo de amigos y no te sentiste juzgado.
Al final de cuentas, los restaurantes tienen la capacidad de convertirse en símbolos culturales y personales. De cierta manera, esto es lo que le da un mayor significado a la gastronomía que usualmente solo se asocia a la creatividad en los platillos y la preservación del legado histórico.
¿Hay algún restaurante que tenga un significado personal para ti?
Foto de portada: San Carlos
































































































































