
En Monterrey los snacks no dejan de volverse más 'monchosos', gigantescos y excesivos. ¿Habrá un límite para esta tendencia?
El tamaño sí importa: la comida grande y monchosa es mucho más atractiva porque engaña a nuestro cerebro y lo satura con dopamina.
Aunque siempre han existido las porciones generosas o llenadoras, con la llegada de las redes sociales, la comida, en especial los snacks, se volvió más visual. Nuestras pantallas empezaron a llenarse de platillos con colores vibrantes, porciones enormes, botanas súper crujientes o súper picosas, postres muy suaves, en general el sabor comenzó a asociarse con todo lo que fuera visualmente llenador. Entonces comenzaron las carreras, toda "joya escondida" presentaba algún adjetivo llevado al máximo o el exceso: los "snacks más monchosos", los "hot dogs más gigantes". "los tenders más crujientes" o "los roles de canela más esponjosos".
Anteriormente, hablamos sobre la comida "mini" y cómo esto reflejaba una posible tendencia y cambio por la "ola wellness", en esta segunda parte discutiremos por qué la comida grande y maximalista se volvió tendencia en primer lugar. Una de las razones por las que esto sucedió tiene que ver con la evolución y la supervivencia. Probablemente esto es lo más preocupante de todo, ya que habla sobre los círculos viciosos. De acuerdo con varios estudios, la "comida moderna" es engañosa para el cerebro por dos factores: la producción de dopamina, la hormona de la felicidad, y la experiencia culinaria "multisensorial".

Foto: Elotes Galaxia
En un estudio realizado en 2018 por el Instituto Max Planck se estudió la reacción del cerebro ante ciertos alimentos, entre ellos las frituras y las azúcares. Aunque los mismos investigadores mencionaron que hacían falta más pruebas para comprobarlo completamente, ellos concluyeron que nuestro cerebro libera dopamina en dos ocasiones distintas: cuando llevamos nuestro platillo a la boca y cuando la comida llega a nuestro estómago. Según sus resultados se produce más dopamina al morder la comida que al digerirla y esa podría ser la clave de querer comer más de algo aún y cuando ya estamos satisfechos.
Lo anterior tiene que ver con el acto de comer por placer aunque también está relacionado con la acción de comer para reducir el estrés, la ansiedad o el cansancio. Los alimentos que nos dan más energía contienen azúcares y carbohidratos, entre la energía que nos aportan y la sensación de bienestar que nos da comerlos, el cuerpo desarrolla una especie de "adicción" o círculo vicioso. Bajo este contexto la pregunta sería: ¿por qué algo que es dañino nos hace sentir bien? Lo que sucede es que actualmente los snacks y las comidas tienen ambos, azúcar y carbohidratos a niveles muy altos, lo que potencia de sobremanera la producción de dopamina y "confunde" al cerebro.

Foto: El Nuevo Nopal, dona gigante
En esta época encontrar platillos y recetas con altos niveles de azúcar y grasa es muy sencillo y ese es el problema. Nuestro cuerpo estaba diseñado para sentir placer al comer porque así se requería cuando teníamos que buscar alimento. Según un artículo de la Pontificia Universidad Católica de Chile desarrollamos el placer por comer para tener la motivación de buscar y vencer obstáculos para conseguir comida y asegurar nuestra supervivencia. Durante ese tiempo encontrar alimentos ricos en azúcar y grasa no era tan fácil como ahora, pero desde entonces producían deseo y placer.
Luego está la experiencia culinaria "multisensorial", lo que tiene que ver con los sentidos y el sabor. Los snacks monchosos a menudo involucran todas las sensaciones posibles por su juego de texturas, su olor marcado, el sonido que hacen al partirse o morderse y su apariencia impactante. Con solo ver las imágenes podemos generar una expectativa que resulta llamativa porque detona todos nuestros sentidos. Aquí también entran los valores sociales y culturales, pues los hábitos y las tradiciones también moldean lo que nos parece atractivo. Por ejemplo, en México nos gusta lo picante, por lo que ver cosas bañadas nos llama al atención, aunque la lógica diga que con tanta salsa el platillo se aguada.

Foto: Ninjato Sushi - Mawashi, rollo de 1 kilo
En resumidas cuentas, podríamos decir que buscamos lo 'monchoso', lo grande y lo excesivo por una respuesta biológica e inducida. Estamos, de alguna forma, atrapados en un ciclo del cual parece difícil salir por todos los estímulos y sensaciones que provoca. Negocios como Rosita Fresita, Elotes Galaxia, Casa Cream y Galería Cioccocakes ofrecen productos gigantes que continúan perpetrando un consumo desmedido, en el sentido de que potencian la producción de dopamina y la alta ingesta de azúcares, grasas y carbohidratos.
Realmente, no es culpa de los emprendimientos gastronómicos y sus productos, sino de la falta de consciencia de los consumidores y la sociedad regiomontana que volvieron los "antojos" o "gustitos" en platillos de cada día. Dicho esto, el resurgimiento de los "bites" y la comida "mini" puede que sea una respuesta hacia la comida gigante. Tras estar expuestos todo el tiempo a la "monchosidad", ver algo reducido puede causar la sensación de control y seguridad, pues es más fácil terminarse el snack y dosificarlo. Todavía es muy pronto para asegurar que la comida "mini" se convertirá en tendencia, aunque ya hay reposterías y dulcerías que han comenzado a sacar productos en este formato.

Foto: Galería Cioccocakes
Foto de portada: Rosita Fresita Snack




























































































































































