
Interacción adecuada con el mesero
Interacción. Se debe girar hacia el mesero cuando se le habla, como a cualquier otra persona en una conversación. El trato déspota, verbal o corporal, está prohibido sin excepciones.
La mirada como gesto de reconocimiento: En la mesa, el cuerpo habla antes que las palabras. Girar el torso y mantener contacto visual cuando el mesero explica un platillo o toma la orden es un acto de presencia. Ignorar a quien nos habla, manteniendo la mirada en el menú o en el teléfono, es una forma de invisibilizar al profesional. La etiqueta exige que, durante esos segundos de interacción, el mesero sea el centro de nuestra atención, otorgándole la misma importancia que a cualquier otro invitado en la mesa.
La reciprocidad en la hospitalidad: El servicio es un flujo de energía bidireccional. Un comensal que interactúa con amabilidad y apertura corporal desarma la tensión del servicio y permite que el mesero se desempeñe con mayor naturalidad y esmero. El trato déspota, por el contrario, genera un ambiente de estrés que aumenta las posibilidades de errores. Tratar bien al personal no es solo un deber moral, es la estrategia más inteligente para asegurar una velada perfecta.
La prohibición de la soberbia: La verdadera distinción se demuestra en la ausencia de jerarquías morales. No existe justificación —ni el costo de la cuenta, ni un error en la cocina— que dé derecho al comensal a utilizar un lenguaje corporal agresivo (como señalar con el dedo, hacer gestos de desprecio con la boca o ignorar un saludo). La elegancia es, por definición, el control de los impulsos bajo presión; un trato despótico es la confesión de una falta de clase y educación.















































































