
Respeto a quien te atiende
Respeto. Es fundamental que el comensal tenga presente, en todo momento, que el mesero, si bien está en un puesto de servicio, es una persona a la que debemos tratar con cortesía, sin ningún tipo de desprecio ni agresión.
El reconocimiento de la dignidad: La relación entre comensal y mesero es un intercambio humano, no una transacción mecánica. Reconocer que detrás del uniforme hay un profesional con dignidad propia es la base de cualquier sociedad civilizada. El servicio es una profesión noble que requiere inteligencia emocional y técnica; por tanto, el respeto no es una concesión que el cliente otorga, sino una obligación ética que valida su propia educación.
El respeto como motor de la excelencia: Una experiencia gastronómica excepcional es el resultado de un esfuerzo compartido. El mesero es el aliado del comensal para que la velada sea perfecta. Tratarlo con cortesía no solo es lo correcto, sino que genera una sinergia positiva: un personal que se siente respetado y valorado trabaja con mayor precisión, pasión y detalle. La agresión o el desprecio, por el contrario, rompen la cadena de hospitalidad y degradan el ambiente para todos los presentes.
La elegancia del carácter: La verdadera clase de un individuo no se mide por lo que consume, sino por cómo trata a quienes no pueden decirle que no. Mantener la compostura y la amabilidad, incluso ante errores en el servicio, es la máxima prueba de distinción. El desprecio hacia el personal de servicio es la forma más rápida de evidenciar una falta de sofisticación personal. El respeto debe ser constante, desde la llegada hasta la despedida.















































































