
Compartir alimentos
Compartir. Solamente los platos que se hayan pedido para compartir, son para todos. Atengámonos de comer de los platos de otros comensales
La sacralidad del plato individual: Cada plato servido frente a un comensal es, por defecto, una composición personal. Es una experiencia diseñada y anticipada exclusivamente para quien lo ha ordenado. Invadir este espacio sin consentimiento explícito es una intrusión tanto al plato como a la elección personal del otro. La generosidad se manifiesta en ofrecer, no en tomar; y la expectativa de compartir debe nacer de un acuerdo previo, no de una apropiación espontánea.
La estrategia del menú compartido: La decisión de pedir "para compartir" es una declaración de intenciones que configura la dinámica de la mesa. Estos platos están pensados para el centro, con utensilios de servicio adecuados para que cada quien tome su porción. Cualquier otro plato individual está fuera de esta "zona común". Si se desea probar el plato de un compañero, la etiqueta dicta pedir permiso y esperar una oferta explícita antes de extender el cubierto.
Salubridad y confort en la mesa: Más allá de la cortesía, la práctica de no comer de platos ajenos es un principio de higiene fundamental. Cada comensal tiene su propio ritmo y forma de comer, y mezclar utensilios o salivas en platos individuales puede resultar incómodo o insalubre. Respetar el plato de cada uno asegura una experiencia gastronómica limpia y placentera para todos.















































































