
Llamar al mesero con respeto
Llamar. Debemos llamar al mesero levantando la mano. Si está cerca, podemos decirle “disculpe”, o llamarle por su nombre si lo lleva en el gafete. No debemos pararnos, gritarle, o hacerle ruidos como “psst psst”
La sutileza del contacto visual: La forma más refinada de llamar a un mesero es a través del contacto visual y un ligero asentimiento de cabeza. En la alta etiqueta, se considera que un servicio de excelencia está siempre atento a la mirada del cliente. Si esto no es suficiente, levantar la mano a la altura del pecho o del hombro —nunca agitarla frenéticamente— es la señal universal de que se requiere asistencia. Esta sobriedad mantiene la elegancia de la mesa y no interrumpe el entorno de los demás comensales.
Eliminación de señales deshumanizantes: El uso de sonidos sibilantes (como el "psst"), chasquidos de dedos o silbidos es una de las mayores ofensas en el protocolo restaurantero, ya que se asocia con el llamado a animales y no a personas. El respeto al nombre del mesero (si cuenta con un gafete) o el uso del vocativo "disculpe" humaniza la interacción. Llamar por el nombre establece un puente de cortesía que suele resultar en un servicio más personalizado y cálido.
El respeto a las zonas de servicio: Un comensal nunca debe abandonar su asiento para buscar a un mesero o dirigirse a la cocina. Esto no solo proyecta impaciencia, sino que puede causar accidentes físicos con el personal que transporta bandejas calientes o cristalería. La etiqueta dicta que el cliente debe permanecer en su "jurisdicción" (su silla) y confiar en los canales de comunicación visual y verbal moderada, permitiendo que el flujo del restaurante se mantenga ordenado.















































































