
En pareja procura en público no pelear
Los comensales que asistan al restaurante en pareja, deben evitar toda clase de peleas y palabras altisonantes que puedan incomodar a las otras mesas y al personal de servicio
La discreción como escudo: Una pareja debe mantener su intimidad dentro de los límites de su mesa. Las desavenencias personales pierden su carácter privado en el momento en que el tono de voz o el lenguaje corporal afectan la experiencia de terceros. La etiqueta dicta que los conflictos deben quedar en suspenso hasta abandonar el recinto. Mantener una atmósfera de armonía no es solo por el bien de la pareja, sino un acto de cortesía hacia quienes han pagado por disfrutar de un ambiente tranquilo y sofisticado.
El control del volumen emocional: El uso de palabras altisonantes o tonos de voz elevados rompe instantáneamente la armonía de un restaurante. Las discusiones generan una tensión palpable que incomoda no solo a otros comensales, sino que perturba el flujo de trabajo del personal de servicio. La verdadera sofisticación radica en el dominio propio: la capacidad de disentir sin alterar el entorno. El respeto a la "paz ambiental" es una de las normas de convivencia más valoradas en la alta gastronomía.
El restaurante como espacio de cortesía: Un conflicto público en una mesa es una falta de respeto hacia el establecimiento que se esfuerza por crear una experiencia placentera. Las parejas deben ser conscientes de que su comportamiento es parte del ecosistema del lugar. El trato agresivo entre compañeros de mesa es tan reprobable como el trato despótico hacia el mesero. La elegancia se manifiesta en la serenidad y en la capacidad de resolver diferencias en el ámbito privado, preservando siempre el decoro en el espacio público.















































































