
Consumo excesivo
Consumo excesivo. Si bien los comensales que hayan consumido menos, deben pagar por partes iguales, cada quien debe ofrecerse a pagar extra, si es que su consumo ha sido excesivo con relación a los demás.
La verdadera etiqueta en una mesa compartida no se basa en reglas rígidas, sino en la sensibilidad hacia los demás. El acuerdo de dividir la cuenta equitativamente es un acto de confianza mutua que no debe ser aprovechado para beneficio personal.
La Conciencia del Consumo Propio: un comensal distinguido mantiene una "contabilidad silenciosa" de sus elecciones. Si el grupo ha optado por platos ligeros o agua, y uno de los presentes decide ordenar platillos de alta gama, cortes premium o botellas de vino costosas, la etiqueta dicta que debe ser el primero en reconocer esa disparidad. No se debe esperar a que los demás lo noten; la iniciativa de compensar debe nacer de quien consumió más.
La Iniciativa de Compensación: en lugar de permitir que la cuenta se divida ciegamente, el comensal con consumo excesivo debe intervenir con naturalidad al momento de pagar: "Como hoy me di un gusto especial con el vino/platillo, permítanme cubrir una parte mayor de la cuenta o encargarme yo de la botella". Este gesto elimina cualquier sentimiento de injusticia y refuerza los lazos de amistad.
La Regla de la Generosidad vs. La Exactitud: la etiqueta no sugiere que se deba calcular cada peso (lo cual resultaría poco elegante), sino que se debe evitar la desproporción evidente. El objetivo es que nadie se levante de la mesa sintiéndose "utilizado" financieramente. Cuando el consumo es notablemente desigual, la honestidad del individuo es lo que preserva la armonía de la sobremesa y garantiza futuras invitaciones.















































































