
Cuida los baños
Baños. El comensal se obliga a no dañar las instalaciones ni los insumos de baño proporcionados por el restaurante; y a mantener una interacción respetuosa con otras personas al interior de los baños.
La sofisticación de un comensal no se detiene al levantarse de la mesa. El uso de las instalaciones sanitarias refleja el nivel de respeto que una persona tiene hacia el establecimiento y hacia los demás usuarios. Mantener la pulcritud en el baño es un acto de responsabilidad compartida.
El Respeto a la Propiedad y los Insumos: el restaurante ofrece cortesías (jabones, toallas de tela o papel, lociones, artículos de higiene) como parte de una experiencia de hospitalidad. El uso abusivo de estos recursos —como desperdiciar papel o llevarse productos que no son para regalo— es una falta de integridad. Asimismo, el cuidado de las instalaciones (grifos, espejos y mobiliario) es fundamental; cualquier daño causado por descuido debe ser reportado y, de ser necesario, reparado por el responsable.
La Ética de la Limpieza: un principio básico de etiqueta es "dejar el espacio igual o mejor de como se encontró". Esto implica asegurar que el lavabo quede seco después de su uso y que cualquier residuo se deposite en el contenedor correcto. Ignorar la higiene personal en un espacio compartido no solo es descortés, sino que afecta directamente la experiencia del siguiente comensal y la carga de trabajo del personal de limpieza.
La Interacción y la Discreción: el baño es un lugar para la higiene, no para la socialización prolongada. La etiqueta dicta que se debe mantener una interacción breve y respetuosa con otros comensales: ceder el paso, respetar los turnos en la fila con paciencia y evitar conversaciones ruidosas o el uso de dispositivos móviles. El silencio y la rapidez son señales de consideración hacia el tiempo y la privacidad de los demás.















































































