Hay postres que parecen magia, este pudín es uno de ellos.
Por
Mama de RoccoDescripción
Solo necesitas tres ingredientes: miel, jengibre y leche. Nada más y nada menos, esos tres ingredientes son suficientes para lograr una textura suave, temblorosa y reconfortante. Esta es una receta ancestral, delicada y curativa: ideal para el sistema digestivo, la garganta y el alma.Porciones
2 porcionesTiempo
25 minutosIngredientes
– 1 taza (250 ml) de leche entera fresca (no ultraprocesada ni vegetal). – 2 cucharaditas de jugo fresco de jengibre (exprime el jengibre rallado con una cuchara o una tela). – 1 cucharadita de miel natural Mamá de Rocco.Preparación
1. Ralla un trozo pequeño de jengibre fresco (unos 3–4 cm) y exprímelo para obtener su jugo. Coloca una cucharadita del jugo en el fondo de dos tazones o tazas pequeñas. 2. Calienta la taza de leche en una olla pequeña a fuego medio. Debe llegar justo a unos 70–75 °C, esto es equivalente a cuando ves que se forman burbujitas pequeñas en los bordes pero no hierve el líquido. 3. Ya que la leche esté caliente, apaga el fuego e incorpora la miel mezclando suavemente hasta que se disuelva. 4. Ahora viene el momento mágico: sostén el tazón con el jugo de jengibre y vierte la leche caliente directamente desde unos 10–15 cm de altura para que el líquido mezcle naturalmente sin batir. No remuevas ni toques nada, deja reposar la mezcla entre 5 y 8 minutos. Conforme pase el tiempo, verás cómo se forma una superficie lisa y brillante en las tazas, similar a un flan suave. Esto sucede porque el jengibre coagula las proteínas de la leche gracias a su enzima natural (zingibain).Consejo
Este pudín se disfruta tibio, no frío. Puedes decorarlo con una gotita extra de miel o una lámina muy fina de jengibre confitado.
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