Salud - Sentir Bien
20 de febrero del 2017

Los hábitos no nacen, se hacen

Entender que la comida y el tiempo que dedicamos a comer tiene que ver con cómo nos sentimos es algo clave antes de buscar un cambio de hábitos. Hacer de la comida un momento placentero es un primer paso hacia mejorar cómo comemos y cómo nos sentimos.
Redacción por: Anaís Ceballos

Cuando comer saludable se vuelve una tendencia pudiera parecer “fácil” alcanzar un objetivo específico respecto al peso o a la salud en general. ¿Qué papel juegan nuestras emociones en la forma en que comemos?

 

Los inicios son un buen pretexto para hacer cambios. Ya sea que esté iniciando el año, la semana o una nueva etapa en tu vida, establecer metas resulta más sencillo y hace que la motivación funcione de mejor manera. Mejorar nuestro estilo de vida y comer de manera saludable es una de las metas que establecemos más frecuentemente. Pero ¿qué nos puede llevar a conseguirlas?, ¿en qué radica el éxito de una nueva forma de comer?

 

El primer paso es tener bien claro qué nos motiva a cambiar. Si el fin es solamente estético lo más probable es que el resultado obtenido sea temporal. Si en cambio vamos dando pasos pequeños que nos acerquen a una meta lejana es mucho más probable que el cambio sea integral. Es decir, que si quieres comer sano solamente para bajar de peso probablemente te aburras pronto o bien bajes un poco y luego vuelvas a tus viejos hábitos y al mismo peso, o mayor que el anterior.

 

Comer es un placer y no solo por lo que aporta a nuestro cuerpo sino todo lo que nutre emocionalmente hablando. Cada platillo nos conecta con recuerdos del pasado y emociones del presente. Si festejamos algo, lo celebramos comiendo y si nos sentimos tristes puede ser que tengamos más o menos hambre, dependiendo de cómo reaccionemos a lo que nos sucede. Es por esto que resulta importante darle valor a nuestras emociones al momento de decidir comer distinto.

 

No se trata de comer bien o mal sino de hacerlo de forma consciente. No es necesario ir de un extremo al otro y buscar solo alimentos “buenos” o nutritivos, sino de buscar balancear entre dichos alimentos y aquellos pecaminosos que podremos comer esporádicamente y disfrutar sin culpas, esto claro, después de haber entendido su función y que debería tratarse de excepciones y no parte de nuestras rutinas. Atreverse a cambiar de hábitos requiere de una motivación específica, planeación y sobretodo de darnos el tiempo y comprometernos a realizar ciertas actividades que serán exclusivas para nosotros mismos.

 

Construir una nueva relación con la comida, lo más sana posible, hará que aprendamos a disfrutar de cada momento en que compartimos alimentos, de todo tipo, o al menos esa debiera ser la meta. Poder conectar mediante la comida, como lo hemos hecho siempre, sin comprometer nuestra salud física o emocional en el intento.

 

 

 
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