En familia. Las hermanas Alanís y Montacometa.

04 de abril del 2017
Tere, Ana Gaby, Marcela y Lorena abrieron su negocio hace dos años en Tampiquito, donde convirtieron una vieja cochera en una exitosa pastelería y panadería. Gracias a su cuenta de Instagram, las fotos de sus muffins y galletas ya eran populares cuando Buzzfeed las mencionó en un breve artículo, por lo que consiguieron aún más seguidores y clientes devotos de sus creaciones. Al mismo tiempo se mudaron a Río Manzanares, pero los cambios también ocurrieron a nivel personal. Esto, según las jóvenes regias, es parte de lo emocionante del negocio.
Redacción por: Redacción Cecilia Vázquez Con información de Melissa Varés
Fotografía por: Juan Rodrigo Llaguno

Tere, Ana Gaby, Marcela y Lorena abrieron su negocio hace dos años en Tampiquito, donde convirtieron una vieja cochera en una exitosa pastelería y panadería. Gracias a su cuenta de Instagram, las fotos de sus muffins y galletas ya eran populares cuando Buzzfeed las mencionó en un breve artículo, por lo que consiguieron aún más seguidores y clientes devotos de sus creaciones. Al mismo tiempo se mudaron a Río Manzanares, pero los cambios también ocurrieron a nivel personal. Esto, según las jóvenes regias, es parte de lo emocionante del negocio.

 

Tere se graduó de humanidades, Ana Gaby de derecho y Marcela de diseño. Sin embargo, el tema culinario siempre estuvo presente para ellas desde niñas. “En la casa siempre fue de hacer brownies, venderlos todas”, comenta Tere, “mi mamá cocina muy rico, muy sencillo. La familia siempre fue alrededor de la comida. Los domingos había algo en la casa que preparamos entre todos”. Su otra hermana y hermano, al igual que su madre, también son socios de la empresa.

 

Después de la universidad Tere estudió repostería y trabajó con Guillermo González Beristáin en Pangea. Fue directora por tres años de dicha escuela. Ella y sus hermanas coincidieron en planes de emprender algo propio y así iniciaron.

 

Nacho Cadena diseñó la imagen para Montacometa. “Los Cadena tienen por sello ayudarse entre familia, es hermoso”, continuó, “nos siguen apoyando en un montón de cosas. Nos guiaron con el lenguaje. Dijeron ‘Que sea el que ustedes usan, no traten de falsear o imponer uno en la tienda’. Se dio bien natural”.

 

Ahora, en la tienda y en redes sociales escuchan a sus clientes, por lo que modifican recetas y si algo no se vende bien, lo cambian. “Constantemente estamos innovando y cambiando, hemos visto que funciona”, platica la repostera, “la gente llega porque sabe que hay algo nuevo”.

 

Las Alanís califican su crecimiento como orgánico. Gente de la Ciudad de México, Guadalajara y Mérida, entre otras, han pedido sucursales de Montacometa y quieren crecer, pero consideran que el mayor reto es posicionar su marca primero, y después poder replicar el sentido de familia con el que iniciaron. “Una receta, la imagen o arquitectura se repite”, opina Marcela, “pero la familia no, ni el recurso humano”.

 

Aunque es difícil, tratan de usar todos los productos locales posibles. La nuez es de Rivero González, el ate de Villa de Patos, la leche quemada de la dulcería Reyna, Llanderal les provee de chocolate y Mi Pueblo Mágico de huevo de granja. Personalizaron el pan de elote, que convirtieron en pastel, recrearon el tradicional arroz con leche y lanzaron un panqué de piloncillo para Navidad y una tarta de ate de membrillo con queso, también de sabor regional. El pan de muerto relleno de chocolate tuvieron que limitarlo a sus clientes, pues no podían producir más, y quieren que todos prueben cosas diferentes cada vez.

 

Ana Gaby, Lorena, Tere y Marcela, hermanas, socias y dueñas de Montacometa. Foto Juan Rodrigo Llaguno. 

 

 

¿Por qué quisieron abrir un negocio en familia?
T: Coincidimos en que Marcela se acababa de graduar de diseño gráfico. Ana Gaby se había graduado de derecho, se había ido a estudiar a una maestría a Washington y a la mitad se dio cuenta que no quería trabajar de abogada. Tenía trabajo asegurado al regresar pero era muy demandante. Yo estaba planeando salirme, estuve de directora en Culinaria Pangea y fue cuando empezamos a platicar sobre abrir algo. O sea empezamos con la idea de burritos y fue cambiando. Terminamos en postres porque creo que las tres nos sentimos muy tranquilas en ese tema y yo estoy más especializada en eso.

 

Se ha creado un lazo familiar más fuerte desde que trabajamos juntas. Mi papá siempre nos decía que tratáramos de hacerlo porque así nunca dejas de ver a tus hermanas. Él lo vivió con uno de sus hermanos. Es bien padre llegar a trabajar porque sabes que te la vas a pasar bien. Es un reto, claro que hay fricciones pero es tu hermana, te tienes que contentar. Siempre queremos estar enteradas de todo.

 

¿Cómo se decidieron por los productos?
T: Desde un principio sabíamos que no queríamos servir cosas que no nos gustaran. Nos empalagamos rapidísimo, es de familia, nunca nos han gustado los betunes de merengue italiano, por ejemplo, que se venden mucho. El pastel de pistache nos lo han pedido, pero nunca quisimos hacerlo por dos razones. Una, no nos gusta ese betún, y dos, sentimos que ya hay gente que lo hace muy bien en la industria. Es qué hace falta en Monterrey. Caímos en un producto agringado, toffee, chocolates, bombones, pero no podemos evitar que estamos al lado de Estados Unidos y es nuestra cultura.

 

¿De dónde surgió el nombre Montacometa?
M: El nombre lo propuso un despacho de diseño gráfico, donde hice prácticas. Nos propusieron muchos nombres, ni nos gustaba Montacometa al principio. Luego lo empezamos a decir tanto que era contagioso, nos empezó a gustar.

T: Queríamos algo que evocara el asombrarse con cosas sencillas de la vida, de niños, recuerdos. Es de la historia de “El Principito”.

Tere, ¿dónde estudiaste repostería?

T: Encontré en Barcelona dos escuelas que me llamaron la atención. Una de cocina salada, Hofmann, y otra que ni siquiera tenía página de internet, Espai Sucre. Toño Márquez me dijo “Está buenísima esa escuela”. Había tomado un diplomado en Roccatti y él fue mi maestro. Aplico y no me contestan. Me pongo medio necia, cuando me dicen que algo no se puede ahí estoy. Meses después me aceptan. Fue lo que me marcó mi vida en cocina y cambió completamente mi giro, fue donde empecé a pensar realmente en dedicarme a esto. Cuando llego me doy cuenta que aceptaban a 12 alumnos por turno y todos los demás venían de restaurantes de estrellas Michelin menos yo y una belga.

 

Estuve un año, te enseña a crear, no solamente a seguir recetas. Al final me dice el maestro que siempre por generación aceptan a uno o dos ineptos porque nadie nunca nos ha dicho que las cosas no combinan o no se hacen así, no vas encasillada, vas con más creatividad. Son los que preguntan las cosas y te hacen cuestionar un poquito. Eran puros postres emplatados. Eran una escuela rígida con el típico maestro catalán que le presentabas algo y te decía “¿Qué es esto?, parece vomitada, que se lo coma tu abuela”.

 

¿Cuál fue el mejor consejo que te dieron en la escuela?
T: Que la técnica va en servicio al sabor, el maestro lo decía tal cual. Que da lo mismo cómo se vean las cosas, la decoración -si lo quieres ver así- si no sabe bien. Tengo que encontrar la técnica que haga que sobresalga el sabor, no perder el fin del ingrediente. Lo hemos cuidado mucho. Es ¿a qué queremos que sepa el postre?

 

¿Cómo se dividen el trabajo?
T: Tenemos roles bien diferentes. Yo me encargo básicamente de ver todo el personal de cocina, asegurarme que la cocina funcione bien. Ana Gaby se encarga de todo el tema de relaciones con clientes y restaurantes, es la voz, incluso en redes sociales, es la que pone todos los comentarios. Coincidimos en ideas para ver qué meter a la tienda, las tres somos súper antojadas, estamos constantemente haciendo pruebas e investigando.

M: Yo hago la fotografía, todo lo que es diseño gráfico, de personal de la tienda, que todo fluya bien.

 

¿Cuáles son los productos estrella?
T y M: Pastel de elote, arroz con leche y muffin de coffee cake. Además, los productos especiales, como los pingüinos del Día del Niño o el pan de muerto relleno de crème brûlée de chocolate Abuelita.

 

¿Con quiénes han colaborado?
M: Con Llanderal vamos a colaborar en el producto de Navidad que vamos a sacar, unos panqués que van a estar todos cubiertos de chocolate.

T: Hemos estado desde el principio con Llanderal, lo queremos mucho, nos surte todo el chocolate. Con Irving Quiroz. Villa de Patos también nos surte un montón de cosas. Con Chuy Elizondo, Sofía Vélez, también fue maestra de helados en Culinaria. Con Bocanegra. Los de BreAd nos han apoyado un chorro en intercambio de consejos.

 

¿A qué reposteros admiran? 
M: Una repostería en San Francisco, Mr. Holmes, todo lo que hacen se ve muy casero. Nunca he ido pero he leído y la gente se vuelve loca con sus productos, todo lo han hecho muy bien.

T: Denisse Theurel en cuanto a crear una marca, lo ha hecho a perfección, conjugó empaque, nombre. Como personas, Jorge Llanderal, y Bernardo y Alex de BreAd para mí son increíbles. Los cuatro conjugan el ser personas muy buenas, que se refleja en los productos.

 

 

 

 
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