Carnes Finas San Juan

Tiburcio Pérez González, conocido como don Bucho, es el fundador de la San Juan.
Redacción por: Cecilia Vázquez
Fotografía por: Liliana Bazán

 

Tiburcio Pérez González, conocido como don Bucho por su familia, es el fundador de la San Juan, carnicería indispensable en el panorama de Monterrey. Hay pocas opciones para el carnívoro paladar de los regios tan conocidas como esta marca y su historia está ligada al mismo crecimiento de la ciudad.

 

A don Bucho su familia lo describe como un hombre de buen humor cuyo carácter ha cambiado poco. A sus 90 años es la cabeza de la familia y del grupo San Juan, que incluye las carnicerías, empacadora y al menos unas diez mil cabezas de ganado.

 

Originario de Cerralvo, Nuevo León, Tiburcio empezó en el mundo de la carne después de haber aprendido diferentes oficios. Hizo crecer su tienda de barrio al ver que la competencia en la ciudad lo podía dejar fuera y ahora la tercera generación continúa con el negocio familiar. En 1958 conoció a Sara Gámez Silva, su esposa, con quien tendría nueve hijos. Su primera nieta decidió crear San Juan Grill, el restaurante, hace casi dos años, mientras que el grupo sigue abriendo sucursales.

 

Durante la sesión de fotos de don Tiburcio, su familia y algunos trabajadores se reunieron para contar la historia del hombre y de la carnicería. Su segunda nieta, Sara, ayudó a recopilar esta información, que también complementó en entrevista el hijo del mismo fundador, Lalo.

 

¿De dónde es el señor Tiburcio y cómo fue su infancia?
Tiburcio Pérez González nació el 22 de enero de 1927 en Cerralvo, Nuevo León. Su mamá se llamaba Melitona González Arredondo y su papá Juan Manuel Pérez Dávila. Estudió hasta segundo de primaria. El primer oficio que aprendió fue panadero, ya que la familia tenía una panadería. De chiquito se despertaba temprano, a las 2:00 de la mañana, y limpiaba las charolas. De ahí se enseñó a hacer el pan, vendía turcos y huevo. Era muy bueno para las matemáticas.

 

¿Qué hizo después?
Juan Manuel Pérez era ciudadano americano. Nació en Texas, cerca de San Benito. En ese entonces le prestaron 500 pesos, al papá, y a los 15 años de edad Tiburcio se fue de Cerralvo. Se los llevaron a Estados Unidos a la pizca y a descargar barcos. En McAllen había una tallería de madera y manejaba un tráiler de ahí que se llamaba “la viuda negra”.

 

¿Cuándo comenzó en el oficio de la carne?
Él empezó a trabajar en la tiendita del Obrero, que era de su padre. Al lado puso su carnicería y tenía una puerta para que la gente comprar abarrotes, era mercería también. Un día estaban unos señores en la tienda de abarrotes, uno de Bravo y el otro de Santa María La Floreña. Iban a poner una carnicería pero no tenían dinero para comprar los aparatos, sin embargo ya habían dado su palabra. Escuchó a los hombres platicar que habían mandado comprar unas vitrinas para la carne pero no tenían el dinero. Él se ofrece, les compra las cosas y se las queda.

 

¿Quién lo ayudó en ese entonces?
Tenía un tío que sabía del oficio de carnicero, Rafael Quiroga, primo de su mamá. Le habla y él le enseña todo respecto a la carne. Ese tío hacía unos chicharrones exquisitos y se quedó trabajando con él. La mamá de don Bucho era la cajera.

 

¿Dónde adquiría en esos años la carne?
Se empezó a surtir en el rastro de Monterrey. Don Ricardo Morales, de Salinas Victoria, fue un introductor de ganado muy importante. En aquellos años era el número uno y apoyó mucho a don Bucho por medio de la palabra, que era muy importante en ese tiempo. Le fiaba y le ayudaba con la carne porque le cayó bien.

 

¿Cómo fue el crecimiento de la carnicería?
En 1955 fundaron la carnicería en Pablo de la Garza. Su papá le dio la esquina de la tienda y se extendió para poner su carnicería en forma. Fue agarrando clientes y restaurantes. Empezó a irle bien, agarró al Seguro Social de cliente, construyó enfrente y en la esquina. Empezó por Fundidora, ahí todavía tienen una hortaliza de frutas y legumbres. Ahí empezó toda la carnicería.

 

¿Por qué le puso San Juan al negocio?
El nombre de la carnicería salió por el nombre del papá del abuelo Tiburcio. Su bisabuelo tenía el mimo nombre también.

 

¿Cómo fue cambiando de nombre?
Primero se llamaba Carnicería San Juan, después Carnes y Frutas San Juan, luego Refrigeraciones San Juan en el 73 y después Empacadora de Carnes Finas San Juan. Ahorita está en Guadalupe y desde abril de 2001 es Empacadora y Distribuidora de Carnes Finas San Juan. A partir del 95 se convierte en S.A.

 

¿Cuál fue la primera sucursal y cuándo abrió?
La primera sucursal abrió en 1989, la de Contry. En comparación con todas las otras, es súper chiquita y la han ido ampliando. Él no sabía si iba a funcionar. Sí tenía venta al público donde estaba, pero no era propiamente una sucursal. Mandaba también a clientes foráneos, como un restaurante en Ciudad Mante, un hotel en Sierra Gorda, otro en Cancún, pero era como una carnicería de barrio.

 

¿Por qué decidió expandirse?
SuKarne quiso quitar las carnicerías de barrio y empezó a ponerse en varias partes. El que dio el primer paso, con consentimiento de don Bucho, fue su hijo Humberto, que abrió en Contry. Nos abrió los ojos, si te quedas dormido te lleva la corriente.

 

¿Cuáles locales abrieron después?
Luego abrió Lindavista, que es más grande y queda sobre Miguel Alemán. Cumbres en el 95, después Anáhuac. Aeropuerto es como una boutique, es diferente. Vas y están los cortes y te arman tu caja para que puedas salir de viaje. La última fue Santa Catarina, que ha sido todo un éxito. El plan ahora es abrir una al año.

 

¿Cómo ha cambiado su forma de trabajar en las sucursales?
Gracias a Dios tenemos un prestigio, lo cuidamos bastante. Ahora que abrimos en Santa Catarina fue con el pie derecho, la gente muy contenta que iba llegando. “Qué bueno que están poniendo una San Juan”, nos decían, porque saben la calidad y el buen servicio que damos ahí, la limpieza. Hay gente que dice “Si a mí me llegan a operar que sea en la San Juan, porque está limpiecito”. Tenemos gente de limpieza desde la noche con químicos autorizados por Salubridad para desinfectar todo. En la mañana entran los tablajeros, pasan a bañarse, hay un doctor que les checa las uñas, todo, sus batas blancas.

 

¿Ahora cómo se conforma el grupo?
Actualmente son 11 sucursales, una empacadora, la hortaliza de frutas, legumbres y abarrotes y una ganadera en Montemorelos. Ahí está la engorda pero distribuye a otras que también engordan. Hay un promedio de diez mil a 12 mil cabezas de ganado. Ahorita somos empacadora y llegan canales, primero destazan a cortes primarios, las piezas grandes. De ahí van saliendo los cortes específicos, el rib eye, todo eso. El grupo genera 1,250 empleos directos.

 

¿Quién optó por abrir un restaurante? 
La primera nieta en graduarse ve una necesidad en el mercado. Ella va y le dice al abuelo “Quiero poner un restaurante”. Se independizan en esa parte su hija mayor y las tres hijas de ella. Así nace San Juan Grill en Nuevo Sur. Abrió en junio 9 del 2015.

 

¿Cómo son los clientes de la San Juan?
El público en general es la clientela mas importante. La gente tiene sus tablajeros a pesar de que hay vitrinas, es algo peculiar, les gusta escoger la carne. Entre semana van más mujeres y los fines de semana son más hombres, porque hacen carnes asadas.

 

¿Quiénes son sus clientes institucionales?
Está el Seguro Social, diversos gobiernos municipales, DIF estatal, hospitales privados, como San José y Christus Muguerza, el Tec de Monterrey. Tenemos una agenda de clientes muy extensa, locales y foráneos. Se surte a toda la República.

 

¿Ha cambiado el señor Tiburcio?
A él lo caracteriza el buen humor. Su carácter es el mismo. A la fecha sigue siendo el líder del grupo San Juan. Encabeza a la familia a sus 90 años.

 

¿Cuál es el reto del grupo en el 2017? 
El mayor reto es seguir creciendo, expandirnos, pero primero queremos estar bien sentados en el área metropolitana. Te vas a Villa Juárez, Escobedo, García, son otros mundos. Luego, poco a poco, ir a otros estados.

 

 

 
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