09 de noviembre del 2017

Piacere, cucina italiana con un toque sorpresa

Buenos platos fuertes, excelente postre. Ahí debió terminar la orden, pero la gula fue demasiada.
Redacción por: Verónica Orozco

Las opiniones que aparecen en esta columna son responsabilidad del autor y no necesariamente las de este medio.

 

 

 

En esta ocasión decidimos probar un restaurante ubicado en la colonia Burócratas del Estado, cerca de Av. Paseo de los Leones. El letrero por fuera dice “Piacere” (placer en español), lo que aumentó mucho nuestras expectativas.

 

Al entrar te sientes en un ambiente cálido y acogedor, incluso elegante. Cuando llegamos no había comensales pero se preparaban para recibir a un grupo. Música: adecuada al concepto; iluminación: moderada rayando en lo romántico; higiene: instalaciones limpias; atención del personal: bueno.

 

 

Ahora a enfocarnos en lo importante, la comida. El menú es sencillo, no muy vasto pero cubre lo esencial de la cocina italiana, aunque advierten que algunas recetas tienen ingredientes y sabores mexicanos. Puedes encontrar ensaladas, focaccia, pastas, pizzas, vinos, sangría y postres como tiramisú, gelato, entre otros.

 

Ordenamos los ravioles rellenos de chicharrón, las albóndigas Piacere con pasta, y para tomar, una copa de Cabernet Sauvignon.

 

 

Al momento nos llevaron una focaccia de cortesía, que debo decir estaba muy buena, sabores notorios de romero, pesto y tomate deshidratado, el pan caliente y suave.

 

Los ravioles son sólo siete piezas pero bien bañados en salsa Alfredo y decorados con cilantro; aunque nos mencionaron que llevan un toque de tomatillo, no lo percibimos.

 

 

Las albóndigas se pueden pedir solas pero no quisimos perder la oportunidad de probar la pasta pappardelle fresca. Recibimos una porción vasta y digna de reconocerse, albóndigas en perfecta cocción, admirable sabor y pasta al dente. La salsa nos resultó familiar, después nos enteramos que las preparan con una mezcla de varios chiles.

 

Nuestros platos fuertes realmente cumplieron con las expectativas, y qué mejor manera de terminar la cena que un postre o quizás dos. Pedimos tiramisú. Aunque es un clásico, no en todos los lugares lo preparan bien. Llegó a nuestra mesa luciendo perfecto con sus hojas de menta como adorno y sabor balanceado, entre cocoa y café. Lo tiene todo.

 

Buenos platos fuertes, excelente postre. Ahí debió terminar la orden, pero nuestra gula fue demasiada. Pedimos que en caso de que aún existiera pastel de chocolate, nos lo hicieran llegar.

 

 

Cuál fue nuestra sorpresa, que minutos después recibimos lo que claramente era un “Lety cachito” sabor Carlos V, pero con hojas de menta en la parte de arriba y emplatado en su loza. Un buen foodie conoce y reconoce. Para ser un restaurante que se enorgullece de que todo es hecho en casa, esto fue un desencanto.

 

Honestamente nos dejamos llevar por la imagen del menú, que mostraba una apetitosa rebanada de pastel de chocolate tradicional. Ustedes dirán, “Bueno, recibieron lo que pidieron, pastel de chocolate”. Sin embargo, si en el menú no se especifica que las imágenes son meramente ilustrativas, cualquier establecimiento puede toparse con una denuncia ante las autoridades correspondientes para protección del consumidor.

 

Lo que comenzó como una cena agradable, terminó con mal sabor de boca. El menú tiene potencial, aunque este elemento es algo que los dueños y el chef deberían reconsiderar.

 

 
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