15 de marzo del 2017

La Mesa Contenta de Gaby García

Ansiar llegar a casa para comer algo rico es importante y Gaby García quiso que otros también lo aprendieran.
Redacción por: Cecilia Vázquez

Gaby García ha dado clases desde siempre. De niña ponía cursos de manualidades para otros pequeños de su edad y ahora, a sus 27 años, tiene un exitoso negocio en el que enseña a cocinar en el hogar. Ella y los chefs con los que trabaja educan a todos a través de Mesa Contenta: niños, parejas, recién casados, empleadas domésticas, grupos de amigos, quien lo necesite.

 

La idea inició cuando Gaby tuvo que encargarse más, de cierta forma, de su casa. Su madre falleció cuando ella tenía 16 años y su papá trabajaba, por lo que le tocó enseñarle a cocinar a la nueva trabajadora. La joven regia además había decidido estudiar para chef pero fue hasta que terminó la carrera de mercadotecnia en la Udem que inició con cursos en Roccatti y Pangea.

 

Al graduarse, su novio la animó a iniciar el negocio y empezó a tener tanta demanda que tuvo que dejar las materias en Pangea. “Sí lo tenía planeado pero más adelante, para agarrar experiencia”, comenta, pero “mi novio me dijo que había hablado con su mamá, que ya me tenía muchas clientas. Me dijo ‘Si no te lanzas, nunca lo vas a hacer’”.

 

Ahora admite que ni siquiera ha tenido que hacer publicidad, ya que todo ha sido de boca en boca. “Eso me da confianza porque también tengo que cuidar a los chefs, cuidarme yo de que a dónde estamos yendo”, continúa. “Era algo que no pensábamos que iba a tener tanto éxito, nunca fui pesimista, pero dije a ver qué pasa”. 

 

Parte de su avance inicial fue gracias a las empleadas domésticas, algunas de las cuales aprenden mejor y más rápido en cursos personalizados que en grupos dentro de una institución. Pero ahora Gaby y los chefs enseñan a quienes sencillamente busquen comer en casa, pero con recetas más ricas y a su propio gusto.

 

“Hice un menú de recetas que me gustaban, empecé con las que me enseñaron pero modificadas a mi gusto. Ahora invento recetas, saco las típicas básicas de cortadillo, picadillo para quienes no saben nada. Tengo de todo. Otras saludables, para niños, para cenas. Sin gluten, sin lácteos, sin azúcar, para alergias, cada cliente tiene sus especificaciones. Hago pruebas en mi casa, las chefs me ayudan”, explica.

 

¿Por qué decidiste empezar Mesa Contenta?

En mi casa nos quejábamos de la típica comida y noté que para mucha gente era la misma queja. Me lancé, al principio yo fui a dar las clases. Era un miedo tremendo porque sabía cocinar pero estaba un poco oxidada. Antes de entrar practiqué, a veces no me salían las cosas por el mismo estrés. El reto eran casas diferentes, cocinas y hornos, gustos, empleadas domésticas también diferentes. Unas muy lindas, de todo, otras que no sabían cocinar, otras que ya súper expertas, otras que me di cuenta que no sabían ni leer.

 

¿Cómo hiciste para enseñarles las recetas y qué aprendiste tú en el proceso?

Con imágenes, lo hacía más visual. Las recetas las hice con dibujos para que se acordaran. La mayoría sí saben leer pero ser una empleada doméstica no es nada fácil. Vienes de un mundo desconocido a Monterrey, especialmente San Pedro, donde todas las casas tienen estufas eléctricas, de gas. Las exigencias son diferentes, la comida. La gente pide cosas de dieta, saludables. Me puse en su papel y dije “Si yo ahorita, dando clases me siento muy presionada. Qué miedo que no nos quede, que no les guste, qué va a pasar. Imagínate ellas”. Muchas no hablan español o apenas lo entienden. Es bien difícil. Ahí aprendí mucho.

 

¿Qué significa Mesa Contenta?

Le puse así porque la idea es que la familia quede contenta, tratar de ayudar a que sí aprendan y reciban recetas diferentes. Cuando más me da gusto es cuando voy a casas con niños con alergias, gente que está batallando con la dieta, que la mamá y el papá trabajan y no tienen tiempo de dedicarse (a la cocina). Es mínimo llegar a tu casa y saber que va a estar rico. Es gratificante saber que ahí aporté algo, que se sintieron tranquilos. Cuando más me emociona es que repiten la receta sin el chef y que les queda. Es en tu cocina, son tus ingredientes, estás viendo resultados.

 

¿Quiénes son los chefs que trabajan contigo?

Después de un año y medio me comprometí con mi novio, tuve más compromisos y empecé a contratar chefs, pero me tardo porque tienen que ser de confianza. Es entrar a las casas, casi casi les doy mi negocio. Ahorita son siete chefs, la mayoría en las mañanas, porque es cuando las señoras piden más clases. El chef ejecutivo del Capuleto, Rodrigo, me apoya con cenas para empresarios, algo más formal, como catering. Todos tienen perfil diferente. Al final son muy preparados, la mayoría son graduadas del Icum, de Roccatti, de Culinaria, Rodrigo es de Chile. Una está estudiando.

 

¿Cómo escoges quién va a cada lugar?

Todos tienen las bases pero cada quien su gusto. Esa es la variante, que mi misma receta les puede quedar diferente porque cada casa es diferente. Trato de poner a la persona indicada pero a veces están llenos. Cada chef sabe, tiene un perfil del cliente, sabe lo que no les gusta, para cuántas personas va a cocinar y siempre la primer clase preguntan, van conociendo a la familia.

 

¿Qué días son las clases?

Es un paquete de clases de un mes y lo puedes renovar. Tengo señoras que han renovado, una lleva lo que lleva el negocio, dos años. En promedio renuevan dos, tres meses. Es una vez por semana pero si quieren más rápido, y hay disponible, pueden ser de lunes a viernes.

 

¿Qué otras clases hay?

Empezamos con empleadas pero nos expandimos a señoras, recién casadas o que se van a casar, a niños en piñatas y a parejas que en la noche quieren cocinar. Las chavas recién casadas casi siempre se juntan en grupo. No a todas les gusta y les trato de enseñar, de que le vean lo bueno. Siempre vas a necesitar cocinar, cuando tengas hijos, cuando te vas de viaje. De piñatas hemos hecho tres fiestas de sushi, es algo nuevo, y me han pedido para quequitos. Con el sushi llegamos con el arroz cocido y ellos lo cocinan, ponen soya, hacen los rollos. No es tan fácil pero con llevar todo listo, me he dado cuenta que hasta los chiquitos luego luego le agarran. Las parejas son sobre todo jóvenes, que quieren regalar una sorpresa, una cena por cumpleaños o nada más. Va el chef, cocina con los dos juntos y ellos se quedan con la comida.

 

¿Por qué es importante la comida en casa?

Antes estábamos acostumbrados, en la época de nuestros papás, que la comida era sagrada. Era que todos llegan a comer y hacen sobremesa todos los días. Con mi papá son ocho hijos y las cenas con mi abuelita eran sagradas, y si vienes con tu amigo, que se siente él, todos compartían. Ahorita la vida es un ritmo más agitado, nos ha ido llevando a comer rápido cada quien. He querido llegar a las casas con eso, mínimo que el día del chef vayan a comer, que se vayan a juntar.

 

¿Cómo fue para ti trabajar en casas diferentes?

Estuve un año y medio dando las clases, iba a las casas, tuve de todo. Gente que le encantaba, gente que no le gustó, pero yo iba aprendiendo de los gustos de cada familia. Siempre teniendo en cuenta que, al final, lo que importaba era lo que ellos querían. Si a mí no me gusta cierto platillo, lo trataba de hacer a su gusto. Obviamente la señora podía estar ahí, podía ver. Ahorita si me ven ya no me pongo nerviosa pero al principio sí porque no tenía tanta seguridad, me sentía chiquita. También ellas quieren aprender y les dejo las recetas por si acaso la quieren volver a hacer.

 

¿Cómo son los clientes en sus hogares?

Recibí comentarios de “Ni te metas, las señoras son súper picky, bien preguntonas, todo quieren hacer rápido, están acostumbradas a que se les haga todo”. Y sí, no se equivocaron, pero yo ya les agarré el gusto. Me ha tocado de todo. Al final de cuentas estudié mercadotecnia y es atender al cliente, en cualquier negocio te va a tocar lidiar con clientes que batallas más pero siempre y cuanto estén contentos.

 

¿Has tenido clientes veganos?

A mí me encanta lo vegano y vegetariano pero generalmente ellos saben cocinar porque investigan mucho, se informan. Saben cocinar y se tienen que preparar. Me ha hablado gente que por alergias casi tienen que hacerse veganos, o que están en una dieta específica. Sí tengo recetas pero los usan clientes como un platillo extra.

 

Fotos cortesía Jesy Almaguer

 
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