30 de octubre

Mi primer poke bowl

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¿Qué es el poke bowl? Una manera muy pero muy sencilla de verlo, es así: todas las partes de un sushi revueltas en un plato, al que puedes echar un montón de ingredientes arriba. Qué vago, lo siento, pero ¡es cierto!

 

El “POH-keh”, no poke bowl, es un platillo hawaiano que se ha comido por siglos en su localidad, básicamente es pescado crudo cortado en cubos y sazonado de la manera que prefieras. Pero el fusionarlo con ingredientes asiáticos es el trend de hoy.

 

La virginidad de este platillo la perdí con Hoku, un establecimiento que no lleva mucho tiempo de haber abierto sus puertas en San Pedro. Hay algo especial sobre este lugarcito, lo digo así por su tamañito en metros cuadrados, y solamente por eso, porque en cuanto a concepto, es grande, y a clientela, siempre que he ido, la fila es larga.

 

 

Todo empezó un domingo que estaba disfrutando en compañía de mis dos partners in crime. Habíamos pasado toda la tarde en la alberca curando la resaca del día anterior y lo único que queríamos era cenar algo rico y ver Netflix. La neta, yo quería pizza del HEB, de las que venden por rebanada, porque las acababa de descubrir, son prácticas y tenía ganas de algo muy grasoso. Pero mi amiga, contra viento y marea, quería unos mentados bowls que llevaba todo el mes comiendo.

 

¿Qué pasó? ¿Por qué terminé probando el susodicho? Para mi sorpresa, al llegar a Hoku me brillaron los ojos y se me olvidó todo sobre la pizza aburrida. El establecimiento es una especie de “cuteness hawaiano” colorido y simpático, visualmente muy limpio.

 

Se apoderó de mi el branding. Es un error que he cometido y pagado muchas veces, y me digo a mí misma una y otra vez que no siempre lo que brilla es oro. Aquí el empaque en que te entregan tu comida sinceramente es adorable, te hace sentir que pagaste bien para obtener algo especial. Entonces, con mi debilidad por el branding y todo, decidí consumir mi primer poke bowl, y la mera verdad, me enganché, lo admito.

 

Me acerqué a Balbina Medrano, co-fundadora del restaurante, para felicitarla por la genialidad de su negocio. Me platicó que lo más importante, además del servicio y atención al cliente, es la calidad de los pescados. Su abuelo y papá son pesqueros industriales desde hace más de 60 años. “Tanto el atún como el salmón tienen Sushi Grade y son de pesca sustentable (no son de granja)”, me informó, “el camarón que ofrecemos en Hoku es de mi papá, por lo cual estamos 100 por ciento seguras de que te ofrecemos una calidad que se nota”.

 

En cuanto a la epidemia del poke bowl en la ciudad, me platicó que fueron los primeros en posicionar el concepto. “Sabemos que nuestro restaurante es algo muy copiable y ya empezó a verse mucha competencia pero nosotras fuimos las primeras en traer a Monterrey y México esta tendencia y estamos muy contentas de que haya sido bien aceptada por todos nuestros clientes”.

 

 

Mi bowl

 

Me gusta armar mi bowl con una base de arroz y pepino – hace algunos días leí por ahí que el arroz blanco contiene propiedades ligeramente sedativas. A menos de que puedas darte el tiempo de relajarte un rato después de comer, recomiendo que lo sustituyas por arroz integral, opción que sí ofrecen. Mi proteína de elección es el camarón, y entre mis toppings favoritos está el mango, aguacate, edamames, queso crema, germinado y muchos chiles toreados, todo bañado en soya con limón y aderezo de chipotle.

 

¿Por qué me gusta comer poke bowls? Lo que más disfruto del platillo es la frescura de los ingredientes, que con sus muchas propiedades naturales cosechan una bomba de energía en mi cuerpecito. Realmente siento que mi cerebro comienza a funcionar mejor, y a pesar de que mi estomago queda bastante satisfecho, me siento ligera.

 

Otro plus es que si tienes prisa, lo puedes pedir para llevar. La preparación es rápida y el platillo fácil de comer, de hecho, cae en la categoría de fast food, pero contrario al paradigma, es una opción bastante saludable.

 

Este pasado fin de semana no me bastó con comer uno, también devoré otro al día siguiente. Delicioso. Oficialmente soy parte del culto.

 

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