11 de abril

¿Cuál es el mejor chocolate del mundo?

La calidad de un chocolate reside en el tipo que es, su carta de aromas, acidez y más.
Redacción por: Daniel Walle
Fotografía por:

 

Entre las preguntas que me hacen más frecuentemente mis amigos, familiares y allegados se encuentran: “¿Cuál es el mejor chocolate del mundo?”, “¿Cuál es el mejor chocolate de todos?” y, los que tienen la dicha o desgracia de estar más en contacto conmigo y mi mundo, “¿Qué tan amargo tiene que ser el chocolate para que sea bueno?”.

 

Esta última siempre la respondo con gusto y mucho ánimo, ya que es normal para una persona desconocer la respuesta y es aún más normal (tristemente) no esclarecer la duda. También casi siempre recibo inmediatamente el remate “Según yo, son los chocolates belgas por esta y esta otra razón”, “Deben ser los chocolates que hacen los franceses o los italianos porque están muy caros y por eso deben de ser de alta calidad” o “-Inserte marca de chocolates y/o golosinas aquí- son los chocolates más ricos”.

 

Pues no se qué tanto dinero tengan los chocolates de la mencionada marca o cómo llegó la persona en cuestión a saber de dicha fortuna, ya que no soy muy fanático de seguir el mundo de la farándula tan de cerca. Lo que sí sé es cómo apreciar un chocolate por sus cualidades y cómo saber si uno es abundante o escaso en alguna característica.

 

Si entre ustedes, desocupados lectores, existe alguien con conocimiento en vinos entenderá rápidamente lo siguiente: “El mejor chocolate de mundo es aquel que a ti te gusta.”

 

Las cualidades que dictan la calidad de un chocolate, así como su precio, van desde algo tan simple como qué tipo de chocolate se va a crear (amargo, semi amargo, con leche o blanco) hasta algo complejo, como la carta de aromas que ofrece, acidez, fluidez, etcétera.

 

Las dos cuestiones involucran inversión por parte del productor pero la primera es un poco más obvia en su naturaleza económica. Los chocolates blancos y de leche generalmente involucran más procesos e ingredientes que sus hermanos amargos y semi amargos. En segundo lugar tenemos las cualidades de aroma y cuerpo que desarrollan los granos de cacao. Esto por factores como el tipo de cacao, el tipo de tierra donde estaba plantado el árbol, el manejo y técnicas en el proceso de fermentación de los granos de cacao, grado de tostado y molienda de los granos fermentados, así como el refinamiento de cuerpo y sabor. El hombre o mujer de los vinos ya me entendió.

 

Si bien un producto con un alto precio puede ser a veces de alta calidad, eso no quiere decir que un alto precio sea sinónimo de alta riqueza en sabor para nuestro paladar y viceversa. No porque algo sea barato quiere decir que sea de baja calidad o que no vaya a ser de nuestro agrado o se convierta en nuestro favorito.

 

Por su gran abanico de posibilidades y capacidad para satisfacer cualquier paladar el mejor chocolate del mundo será el que nos guste a nosotros o probablemente el que nos regale una persona especial. Eso sí, siempre y cuando sea un chocolate real y no una imitación. Pero eso lo dejaremos para otra ocasión. Hasta la próxima semana.

 

Contacto @jedan_walle

 

Las opiniones que aparecen en esta columna son responsabilidad del autor y no necesariamente las de este medio.
 
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Siempre que pienso en Los Mochis, pienso en Django Reinhardt, porque El Beto está obsesionado con él. Django fue quien inventó el gypsy jazz. A pesar de haber perdido dos dedos en un incendio, es uno de los gigantes de la guitarra. No sé si Beto sea un gigante, pero todo el santo día está tocando la guitarra, así que el soundtrack de mis viajes con ellos siempre es bastante ameno.

 

Ahora bien, nada esto no tiene nada que ver con ustedes, así que, de todos los destinos razonables para conocer en México, ¿por qué deberían de ir a Los Mochis dónde el turismo es prácticamente nulo?

 

 

Porque aquí los paisajes son hermosos, las personas son más que divertidas y la comida es deliciosa. Desde que llegas, abres una cervecita, abres la segunda y la agarras de caminera. En cuanto a comida se refiere, algo les diré: Beto y Joce nunca me han quedado mal. Su recomendación número uno, los legendarios Mariscos El Brujo. Abres otra cervecita y pides un shot de callo de hacha, que es bebida y platillo en un solo bocado. Desde aquí sabes que todo estará bien. Si algo promete El Brujo es que sus platillos no necesitan más limón, ni salsa, ni sal. Cada cosa que llega a tu mesa está preparada perfectamente para que no tengas que hacer nada más que comerlo.

 

Pedí de comer tostadas, las porciones son tan vastas como para alimentar a todo Topolobampo, intimidantes. Cada una atiborrada de pequeños animalitos de mar desnudos fuera de su concha, crudos, acompañados solamente con la impecable mezcla de salsas y limón. Estas cosas no se ven en Monterrey. El Brujo es ridículamente delicioso. Foto p’al face, o lo que es igual, el “envy generator”

 

 

¡Oh, mira esos callos de hacha gigantes, mutantes!. Abres otra cervecita. Es increíble pensar que eso es lo que se come aquí todos los días. En changarros y mesas junto a carretas. Aquí no es comida para los hipsters. No hay mariscos “orgánicos, libres de pastoreo”, no se cocinan en aceite de coco ni se acompañan con limonada endulzada con miel de agave, aquí se comen nomás así, con limón y chiltepín, el chile al que el habanero le hace los mandados.

 

De ahí nos fuimos al otro lado de Los Mochis, Topolobampo, a caminar por el malecón. Ahí puedes comer nieve, elotes, ¿y por qué no?, abres otra cervecita.

 

Al día siguiente, playa Maviri. Una caminata en la arena y estás listo para comer más. Llegamos al Beach Club y nos sentamos justo a tiempo para recibir a los buzos que llegaban de sus largas expediciones. Todo el mundo está en el Beach Club, todo el día es fiesta. Y por supuesto, otra cervecita.

 

Entre sus múltiples hobbies de hombre de campo, El Beto encontró inspiración en Maviri para comenzar a hacer su propia cerveza. Le ha ido bien, tanto que ahora la comercializa. Si andan por allá no duden en probarla, es muy buena.

 

 

 

Otro día más, no podía irme sin probar la comida de la tía. La comida del diario del mochitense es diferente a la de acá. Comimos chilpachole, una sopa de tomate con camarón, retacada de aguacate. Salpicón de marlín, que lleva marlín adobado con limón y el secreto de la familia.

 

Antes de regresar, el último desayuno: birria de res, en caldo y en tacos. Honestamente no hay dinero que valga para pagar esa delicia.

 

Tantas cosas están pasando en el país justo ahora, que es imposible conocerlas todas. Cada ciudad, cada pueblo está definiendo su propia identidad y eso es hermoso. Quien no pueda disfrutar de ello es un alma pérdida.

 

 

Pareciera que es un lugar lejano, pero la verdad es que sólo te toma una mañana llegar. Para los valientes como yo, la aerolínea del autobús te lleva a Culiacán por $1,400 pesitos el vuelo redondo, incluso durante el puente de septiembre. De ahí se van a la central y toman un camioncito de Tufesa por unos $250 pesos para Los Mochis. ¡Listo! Ahí está su viaje para el próximo puente. Si tienen más tiempo, pueden tomar el tren del Chepe desde Los Mochis y regresar desde Chihuahua.

 

Realmente no se necesita tanto tiempo ni dinero para conocer un poquito más de nuestro país.

 

Muchas gracias a Beto, Joce y Mónica por siempre recibirme en su hogar. Espero verlos muy pronto otra vez.

 

 

 

 

 

Contacto
@analorenaamaya
Hungry Hungry Lorax

 

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