25 de julio

El lujo de comer chocolate

¿Por qué quejarse del precio del chocolate? Yo entiendo cuatro razones.
Redacción por: Daniel Walle
Fotografía por:

 

¡Ah, la buena vida! Te levantas todas las mañanas y te diriges a lo que muchos considerarían el mejor trabajo del mundo. Inmerso en aroma a chocolate, mientras haces el alimento más rico de todos. Tus amigos te envidian diciendo: “Hacer chocolate debe ser muy divertido y genial. Y sobre todo, se vende bien caro”.

 

Lo último es lo que nos reúne hoy acá, ya que más de una vez he escuchado a conocidos y familiares hacer esta declaración, poniéndonos a nosotros chocolateros como si en realidad los estuviéramos estafando con un precio elevado. Hoy vengo a decirles que, la verdad, la brecha ganancia – precio no es tan grande, ergo, la ganancia no es mucha. Me explico.

 

Algo que se tiene que entender es cómo y con qué se produce el chocolate y lo necesario para llevar un fruto hasta la deliciosa barra o confitura que conocemos. Hacerlo desde cero es un proceso largo. Involucra un entendimiento por lo menos básico de química, biología, algo de ingeniería, por supuesto un buen paladar, habilidades culinarias y al menos unas ocho a diez horas de trabajo solamente para obtener el producto que después se convertirá en una tableta o tal vez en ingrediente de algún postre pastel u otra preparación. Además, no encuentras granos de cacao aptos en el supermercado.

 

El cacao crece en regiones selváticas exóticas a las cuales la mayoría de las veces es complicado llegar. En la producción las máquinas requieren mantenimiento constante. Conseguir el perfil de sabor adecuado muchas veces presenta un reto y eso sin hablar del principal problema al que el chocolatero se tiene que enfrentar y lo que, en mi opinión, inspira la declaración que mencioné antes: la mayoría de la gente conoció y está acostumbrada al chocolate imitación o sucedáneo de $5 a $8 pesos.

 

Esto implica un montón de trabajo extra para nosotros chocolateros, ya que nos tenemos que sumergir en la tarea de educar a nuestros clientes para que entiendan que el precio está justificado. Entonces comienzas a ofrecer tours por fábricas, dar clases, sesiones demostrativas y degustaciones e invertir tiempo en redes sociales dando a conocer hechos y beneficios, lo cual puede ser casi tan demandante como hacer el mismo chocolate. Todo esto sin mencionar el hecho de que la maquinaria es cara y el empaque tiene que sin dudas verse elegante y con toque de distinción.

 

La verdad que hacer chocolate es así de caro. Entonces, ¿por qué quejarse del precio del chocolate? Yo entiendo cuatro razones:

 

1. No sabemos y ni nos interesa saber qué pasa para llegar a ese producto. Es naturaleza humana. Si algo no nos interesa rara vez vamos a investigar su origen y proceso. Si dejamos fuera la producción, me he topado gente que no sabe siquiera cómo es un árbol de cacao o que el chocolate se hace a partir de semillas.

 

2. Nunca hemos probado chocolate real. Ya había hablado de esto antes en la columna “Chocoamante joven”. Si no la han leído, les aconsejo que lo hagan para que me entiendan un poco más en este punto. Pero en resumidas cuentas lo que quiero decir es: si no has probado lo bueno y original, es difícil que valores algo en realidad.

 

3. Tenemos en la mente la mercadotecnia de las grandes empresas. Un ejemplo rápido que puedo dar a esto es la frase de venta reciente de un chocolate ampliamente vendido en México: “El chocolate real no se muerde”. Morder y oír cómo se rompe un chocolate en tu boca es criterio de calidad a nivel mundial. ¿Por qué engañar a la gente haciéndolos creer que están comiendo algo auténtico a un precio imposible?

 

4. Nos olvidamos que es un alimento de alta cocina. ¿Por qué quejarse del precio del chocolate cuando de seguro en alguna ocasión hemos querido comprar una botella de vino con alto precio para una ocasión muy especial? El chocolate es un alimento complejo e históricamente ha acompañado al vino en esta rama.

 

Mi intención no es satanizar o hacer elitista al chocolate. Lo que quiero decir es que cuando compres chocolate ese dinero fue dinero bien gastado. Ten por seguro que estas comprando algo con mucho trabajo y mucha dedicación detrás. Eso sin decir lo obvio: ¿a quién no le gusta el chocolate?

 

 

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@jedan_walle

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La popularidad de la cultura japonesa a nivel mundial ha traído a nuestra bella y pintoresca ciudad, desde ya hace varios años, una proliferación de ofertas en rollos de sushi. Hay una gran diversidad de lugares dónde conseguirlos: los que parecen puestos de tacos, los dilapidados y decadentes (que por alguna razón la gente ve como más auténticos incluso cuando no hay nadie proveniente de Japón en su personal), los de franquicia que ofrecen combos y los venden al dos por uno, incluso hay supermercados que dedican islas entre sus pasillos a la elaboración de este plato emblemático de la cultura oriental. En una categoría que quizás es la que tiene menos ejemplares, están aquellos restaurantes que tienen la intención de no más que “restaurante de sushi” sino un lugar para la alta comida japonesa. Entre estos pocos y contados está el Hanaichi de la plaza Avanta Gardens.

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