Lanou
06 de mayo

Escargots… la última frontera

Fui a La Nou y me atreví a probar los caracoles. Hubo sorpresas, desilusiones y nuevos favoritos.
Redacción por: Trimalquio
Fotografía por:

El piso era igual al de una foto del Hotel Meurice que hacía mucho que vi en una revista. No podía ser más que apropiado si se considera que es un lugar de comida francesa (aunque no sé si mi tren de pensamiento al verlo fue primero París y después Meurice o viceversa). La ambientación de La Nou se logra a través de colores neutros, entre los cuales predomina el negro. Sin embargo, contrario a lo esperado de un tono tan oscuro, el lugar se siente amplio y luminoso.

 

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Al ver el menú me alegró de sobremanera ver escargots. Esto no significa que sea yo un gran entusiasta de comer moluscos terrestres, pero había evitado probarlos en todas las oportunidades que se habían presentado anteriormente. Era hora de que esto cambiara. Quizás no eran tan llamativas pero las otras ofertas me resultaron igual de interesantes, al mezclar elementos de la cocina francesa con la mexicana.

 

Pedimos las entradas, pero no perderé el tiempo en detalles para mejor atacar el momento que todos estamos esperando. Llegaron los escargots y ¡caracoles! (me disculpo por el chistorete) el olor era tremendamente fuerte. Debo admitir que al verlos ahí servidos tuve que pensarlo dos veces pero finalmente lo hice. La textura era lo que me esperaba, aunque debo decir que el sabor me decepcionó un poco y no por el molusco en sí, sino por la preparación. La mantequilla de ajo y perejil en que estaban sumergidos era demasiado fuerte, casi como si buscaran ocultar los demás sabores en lugar de complementarlos o realzarlos. Por suerte, ésta no fue la única entrada, y lo que del escargot resultó decepcionante se compensó con el maravilloso porkbelly con ravioles de calabaza que no puedo recomendar lo suficiente.

 

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De los platos fuertes, mi preferido fue el lomito de cerdo, servido elegantemente en lajas y bañado en una salsa de setas que se destaca del sabor convencional que normalmente se logra en los menjurjes de hongos. Cuando vuelva, definitivamente lo repetiré. Los camarones también fueron excelentes, aunque recomiendo más los preparados al ajillo que los roca, los cuales ya se volvieron pan de todos los días.

 

Para compensar la falta de postres que ya se ha vuelto un tema recurrente en mis giras restauranteras, en esta ocasión pedí dos. Los buñuelos de ricota fueron una bendición. Una versión de ellos era de mis postres favoritos en el ahora inexistente restaurante TresW. Verlos aquí hizo más llevadera la pérdida (además que me supieron mucho mejor que los que había probado antes, si bien no sé qué importancia tenga el factor nostalgia en ello). El brownie, por su parte, fue una sorpresa inesperada. El clásico con nieve ahora venía acompañado con bombones de chocolate que lograban un juego de texturas bastante interesante.

 

Fuera de los caracoles, la experiencia fue excelente y estoy ansioso por regresar.

 

LANOU

Las opiniones que aparecen en esta columna son responsabilidad del autor y no necesariamente las de este medio.
 
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