25 de agosto

ENVY GENERATOR 2.0

Los Mochis, Sinaloa.
Redacción por: Ana Lorena Amaya
Fotografía por:

Fotos Ana Lorena Amaya

 

Nunca he tenido mucho dinero, sin embargo, lo que cae normalmente lo despilfarro en dos cosas: conciertos y viajes. Es así como de poco en poco, de hostal en hostal, he podido ir conociendo varios lugares en el mundo. Si bien me he enamorado de varios, nunca me puedo olvidar de mi hermoso México.

 

Quienes me conocen bien, saben que tengo el cometido de conocerlo todo en un futuro cercano. Aunque muchas cosas malas suceden aquí, también tenemos la gran fortuna de vivir en un país que, por sí mismo, es una joya repleta de la mejor comida, gente y de experiencias maravillosas.

 

 

El Pacífico mexicano es un ejemplo perfecto. En cada visita me he dado cuenta que es un mundo diferente. Si esto no fuera suficiente razón para querer conocer más de él, hace unos cinco años me topé con un tal Beto Amaya, amigo de un buen amigo de Los Mochis. Resultó ser que, rascándole un poco, acabamos por ser primos. Poco tiempo pasó para que él, su esposa La Joce, su hermana Mónica y yo nos hiciéramos grandes amigos.

 

Hace poco tiempo se mudaron de regreso a Los Mochis, ciudad natal de El Beto, a.k.a. El Shack. Supongo que gran parte de nuestra amistad ha estado basada por nuestro gran gusto por la música y el buen comer.

 

Según recuerdo, la primera vez que fui a Los Mochis llegué con una actitud un poco burlona hacia mis amigos que habían dejado “la gran ciudad” por irse a vivir a la verdadera provincia. Enorme fue mi sorpresa al tener que comerme todas mis palabras, porque es un lugar increíble rodeado de muchos lugares igual de increíbles.

 

Por incierto que parezca, Los Mochis es una ciudad llena de música. Aunque sí abunda, no todo es banda. Aparentemente la vida en el campo que muchos llevan, permite a muchos mochitenses tener tardes libres que llenan con actividades de entretenimiento. El tocar un instrumento se ha convertido en una muy popular.

 

 

Siempre que pienso en Los Mochis, pienso en Django Reinhardt, porque El Beto está obsesionado con él. Django fue quien inventó el gypsy jazz. A pesar de haber perdido dos dedos en un incendio, es uno de los gigantes de la guitarra. No sé si Beto sea un gigante, pero todo el santo día está tocando la guitarra, así que el soundtrack de mis viajes con ellos siempre es bastante ameno.

 

Ahora bien, nada esto no tiene nada que ver con ustedes, así que, de todos los destinos razonables para conocer en México, ¿por qué deberían de ir a Los Mochis dónde el turismo es prácticamente nulo?

 

 

Porque aquí los paisajes son hermosos, las personas son más que divertidas y la comida es deliciosa. Desde que llegas, abres una cervecita, abres la segunda y la agarras de caminera. En cuanto a comida se refiere, algo les diré: Beto y Joce nunca me han quedado mal. Su recomendación número uno, los legendarios Mariscos El Brujo. Abres otra cervecita y pides un shot de callo de hacha, que es bebida y platillo en un solo bocado. Desde aquí sabes que todo estará bien. Si algo promete El Brujo es que sus platillos no necesitan más limón, ni salsa, ni sal. Cada cosa que llega a tu mesa está preparada perfectamente para que no tengas que hacer nada más que comerlo.

 

Pedí de comer tostadas, las porciones son tan vastas como para alimentar a todo Topolobampo, intimidantes. Cada una atiborrada de pequeños animalitos de mar desnudos fuera de su concha, crudos, acompañados solamente con la impecable mezcla de salsas y limón. Estas cosas no se ven en Monterrey. El Brujo es ridículamente delicioso. Foto p’al face, o lo que es igual, el “envy generator”

 

 

¡Oh, mira esos callos de hacha gigantes, mutantes!. Abres otra cervecita. Es increíble pensar que eso es lo que se come aquí todos los días. En changarros y mesas junto a carretas. Aquí no es comida para los hipsters. No hay mariscos “orgánicos, libres de pastoreo”, no se cocinan en aceite de coco ni se acompañan con limonada endulzada con miel de agave, aquí se comen nomás así, con limón y chiltepín, el chile al que el habanero le hace los mandados.

 

De ahí nos fuimos al otro lado de Los Mochis, Topolobampo, a caminar por el malecón. Ahí puedes comer nieve, elotes, ¿y por qué no?, abres otra cervecita.

 

Al día siguiente, playa Maviri. Una caminata en la arena y estás listo para comer más. Llegamos al Beach Club y nos sentamos justo a tiempo para recibir a los buzos que llegaban de sus largas expediciones. Todo el mundo está en el Beach Club, todo el día es fiesta. Y por supuesto, otra cervecita.

 

Entre sus múltiples hobbies de hombre de campo, El Beto encontró inspiración en Maviri para comenzar a hacer su propia cerveza. Le ha ido bien, tanto que ahora la comercializa. Si andan por allá no duden en probarla, es muy buena.

 

 

 

Otro día más, no podía irme sin probar la comida de la tía. La comida del diario del mochitense es diferente a la de acá. Comimos chilpachole, una sopa de tomate con camarón, retacada de aguacate. Salpicón de marlín, que lleva marlín adobado con limón y el secreto de la familia.

 

Antes de regresar, el último desayuno: birria de res, en caldo y en tacos. Honestamente no hay dinero que valga para pagar esa delicia.

 

Tantas cosas están pasando en el país justo ahora, que es imposible conocerlas todas. Cada ciudad, cada pueblo está definiendo su propia identidad y eso es hermoso. Quien no pueda disfrutar de ello es un alma pérdida.

 

 

Pareciera que es un lugar lejano, pero la verdad es que sólo te toma una mañana llegar. Para los valientes como yo, la aerolínea del autobús te lleva a Culiacán por $1,400 pesitos el vuelo redondo, incluso durante el puente de septiembre. De ahí se van a la central y toman un camioncito de Tufesa por unos $250 pesos para Los Mochis. ¡Listo! Ahí está su viaje para el próximo puente. Si tienen más tiempo, pueden tomar el tren del Chepe desde Los Mochis y regresar desde Chihuahua.

 

Realmente no se necesita tanto tiempo ni dinero para conocer un poquito más de nuestro país.

 

Muchas gracias a Beto, Joce y Mónica por siempre recibirme en su hogar. Espero verlos muy pronto otra vez.

 

 

 

 

 

Contacto
@analorenaamaya
Hungry Hungry Lorax

 

Las opiniones que aparecen en esta columna son responsabilidad del autor y no necesariamente las de este medio.
 
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