03 de abril

Comensales del mundo, ¡uníos!

Chino Latino ya no me motiva por ser vecino de Sport City, pero ahora algo más me lleva a Plaza 401.
Redacción por: Trimalquio
Fotografía por:

Había un encanto especial en comer ostentosamente a sabiendas de que a mis espaldas, separado por una pared de sabrá Dios qué grosor, había una persona sudando como puerco haciendo ejercicio para adelgazar. No sé si era la oposición binaria entre ambas acciones o un coleteo de wishful thinking  a favor de que si la otra persona hacía ejercicio tan cerca, quemaba calorías por los dos. Chino Latino perdió ese encanto cuando cambió su sucursal al lado del Sport City por el de Plaza 401.

 

El establecimiento es una usurpación de su restaurante hermano de grupo Pangea: Bardot. Tristemente, el establecimiento que se maridaba con un tercer hermano del grupo, La Felix (los dos con nombres de divas del cine) falleció algunos meses, dejando su casa y pertenencias al Chino Latino.

 

El cambio es convincente, si bien algunos elementos del decorado sobrevivieron el proceso de transposición: los espejos y el color de las paredes de Bardot siguen presentes. Del Chino Latino anterior no se conservan muchas cosas, pero el decorado logra emular el mismo ambiente. Lo que sí sobrevivió fue lo que quizá sea mi elemento problemático favorito, incluso por encima de comer cerca de un atleta…

 

Contexto: Chino Latino, como su nombre indica, es una fusión de las tradiciones culinarias de Oriente y Occidente. El elemento que el decorador parece haber encontrado en común entre estas influencias es que en ambas regiones hay países con regímenes comunistas. En el establecimiento anterior había carteles de Mao y Fidel Castro como parte de la decoración. Ahora no están pero eso no hace más sutil que los meseros estén usando lo que parecen ser uniformes militares comunistas.

 

Lo cierto es que no estoy seguro si eso es problemático o sólo parece serlo, lo que sé es que me encanta. Qué bien que vivo en una ciudad donde la gente puede hacer esto y salirse con la suya. Pero bueno, a la comida que es lo que importa.

 

Las tostadas de salmón estaban muy buenas, si bien no sobresalen de entre todas las tostadas de atún que se pueden comer en la ciudad. El plato principal, que para mí fue pato y para mi acompañante gaoneras, sí merece más atención. En el caso del pato, la presentación deja en claro la fusión de oriental y latino que el establecimiento presume. Las salsas agridulces que lo acompañan combinan a la perfección tanto con el ave como con la cama de arroz sobre la que está puesta.

 

En el caso de las gaoneras, que claramente se inclinaban más hacia el lado latino del espectro, la presentación recordaba un poco a las canastas donde a veces sirven la comida japonesa, si bien, en esta ocasión, era una olla de peltre.

Las opiniones que aparecen en esta columna son responsabilidad del autor y no necesariamente las de este medio.
 
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