14 de abril del 2018

Jiro sueña sushi

Crear un equilibrio entre el pescado y el arroz. “Jiro Dreams of Sushi”. 
Redacción por: Martha I. Dávalos
Fotografía por: internet

Recuerdo haber visto esta película por allá del 2011, como parte de la programación del FIC Monterrey. En esos años universitarios, la historia de un viejito con el mejor restaurant de sushi en el mundo no me movió mucho. Incluso puede ser que haya dormitado un poco en la sala. Verlo en la actualidad con el trabajo que tengo, y con una capacidad un poquito mayor para consumir cine, ha sido una experiencia muy diferente.

 

El documental de David Gelb, también creador de la serie “Chef’s Table”, logra hacer un retrato completo de una persona compleja en una hora y veinte minutos. Jiro, quien actualmente tiene 92 años, es dueño y fundador del restaurante Sukiyabashi Jiro, galardonado con tres estrellas Michelin. En este lugar, hay mucha historia familiar que contar, pero esto pasa a segundo plano para documentar el proceso de preparación del sushi.

 

En lo que me quedé pensando al terminar de ver la película -que por cierto está completa y de buena calidad en YouTube-, es en la capacidad del director para armar un rompecabezas tan grande en la poca duración del filme. Se aborda la infancia del chef y también la de sus dos hijos, que tienen bastante protagonismo. No se deja fuera ni siquiera a las personas que venden el pescado, a los cocineros, e incluso al final se hace una pequeña reflexión de Jiro sobre la pesca excesiva actual y sus peligros.
Como todo está fresco en mi cabeza, no pude dejar de ver las similitudes con “Chef’s Table”. Desde el intro en la cocina con música clásica, y las tomas en cámara lenta mientras Jiro sirve sushi a los comensales, se nota que David Gelb tenía muy claro lo que quería hacer en los próximos años.

 

A pesar de que nunca me ha parecido correcta la cultura laboral excesiva de Japón, al ver la forma en que trabaja Jiro, no se puede sentir más que un profundo respeto por el chef. Quizá la diferencia radica en que lo hace por un amor genuino a su profesión, no por obligación. Queda claro también que la misma disciplina y talento, han sido heredados a sus hijos.

 

Por está razón es que, después de ocho años de haberlo visto por primera vez, el documental despierta emociones muy diferentes en mí. Ya no se trata sólo de un viejito con un restaurante de sushi. Ahora es una historia que traza muy claro el camino a la perfección. Trabajar a morir, no hay de otra. Si hubiera una segunda regla, probablemente sería cuidar cada detalle. En este restaurante no sólo basta Jiro, ni sus hijos, ni sus cocineros. La excelencia del platillo viene desde la selección de ingredientes. Las escenas en el mercado son clave para entender que la mejor opción, es la única opción.

 

Como conclusión, y volviendo por última vez a “Chef’s Table”, reconozco que primero pensé que la película podría ser un capítulo más de la serie de Netflix. Al momento de escribir y procesarlo, ya cambié de opinión. A pesar de que todos los chefs mencionados en el programa son merecedores del reconocimiento, seguramente pasará un buen rato antes de que un personaje como Jiro vuelva a dirigir una cocina. Es más que justo entonces, que tenga su propio filme, apartado de los demás.

 

 

07 de marzo del 2018

Espacio de arte y café

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Tengo buen tiempo de haberle dado like en Facebook a este cafecito que proyecta cine en su patio, pero acepto que aunque me agradan los ciclos y películas que anuncian, nunca me había dado la vuelta. Decidí visitarlos para poder recomendar un lugar que combina comida y cultura, como todo lo que se menciona en esta columna.

 

El Ámbar es una casa blanca grande y típica del centro de Monterrey. Sus puertas y ventanas amarillas llaman la atención rápidamente. Cuando llegué, el encargado tardó un poco en atenderme, porque le había llegado un grupo de nueve personas a ver Netflix en una de sus salas. Después de llevarles dos tazones grandes de papas y palomitas, se presentó como Gerardo Ramos, y empezamos el recorrido.

 

Este espacio, que en palabras de Gerardo está “abierto a todo”, tiene ya cuatro años funcionando. Además de tener sus proyecciones, el lugar ha sido rentado para fiestas, tocadas, performance, e incluso un XV años.

 

Los fundadores del Ámbar son Ramiro, Gris y Beto. Ellos son los encargados de armar los ciclos. Aunque la mayoría de los filmes programados son cine de Hollywood, documentales o independientes internacionales, también se le da oportunidad a cineastas regios para que expongan su trabajo. Los miércoles, viernes y domingos son los días de actividad cinéfila.

 

En cada cuarto del café se pueden encontrar detallitos que te mantienen ocupado. En el primero se exhiben dibujos enmarcados en la pared, y también hay un estante con productos locales de todo tipo a la venta. El Ámbar tiene una oficina que se renta como espacio de trabajo, y donde se realizan las funciones de cine en días lluviosos.

 

En el pasillo que lleva a los otros cuartos, hay variedad de libros que la gente puede tomar y llevarse si deja uno a cambio. En otro espacio se encuentran varios sillones y un librero en el que alcancé a ver las revistas Algarabia, Cuartoscuro, y Lagarto.

 

Finalmente está la sala donde el grupo de amigos seguía decidiendo qué ver en el catálogo de Netflix, y enseguida de ahí el patio con mesitas y sillas para disfrutar de las proyecciones. Gerardo aclaró que aquí no se puede entrar con comida, pero sí se puede ordenar algo de cocina, como paninis, smoothies, café y postres. “Lo más pedido son los smoothies, sobretodo el Tarantino”. Ya después me fui a hojear el menú y noté que todo tenía nombre de músicos, directores, actores, etc.

 

Ámbar Galería Cinema Café funciona todos los días, menos el lunes. De martes a viernes abren puertas a las dos de la tarde, el sábado desde las nueve, y el domingo a las cuatro. Siempre cierran a las diez.

 

Lo que aquí se ofrece gastronómicamente hablando es sencillo y sin pretensiones, cumple con lo básico de una cafetería. Para mí, lo interesante del lugar radica en la apertura que tienen sus dueños para darle un espacio a todo aquél que tenga algo qué decir, a través del arte.

 

Los invito a checarlo y ver su programación cada semana en Facebook: @ambargaleria.

 

Ámbar Galería – Cinema Café

 

03 de enero del 2018

Hambre de poder

Redacción por:
Fotografía por:

 

Anduve buscando en Netflix algo más relajado que todos los documentales gastronómicos que tengo apuntados para esta columna, pero tampoco tan relajado como esos chick flicks donde dos chefs se enamoran. Hace meses supe que se estrenó “The founder”, la biopic del hombre que vio potencial de franquicia en un pequeño restaurante de California, McDonald’s.

 

Aunque estoy consciente de que la mayoría de los conocedores culinarios aborrecen a esta cadena de comida rápida, la incómoda verdad es que todos hemos probado sus mini hamburguesas y papas. En mi caso, la sucursal de Gómez Morín que ofrece auto servicio las 24 horas ha sido mi salvación más de una vez cuando el hambre ataca de madrugada.

 

Volviendo al filme, lo acabo de terminar de ver hace media hora. Al final descubrí que es más una clase de negocios que una historia de amor por la comida –ya sé que debí saberlo desde antes- pero sigue siendo un fenómeno interesante.

 

Para quien no sepa, los verdaderos creadores de McDonald’s y su innovador sistema de cocina rápida fueron los hermanos Richard y Maurice McDonald. Sin embargo, la historia que se nos cuenta es la del vendedor Ray Kroc (Michael Keaton), quien fascinado por el modelo de fast food, transformó al restaurante en el imperio que conocemos ahora.

 

La película se divide en dos partes y es muy notorio. La primera es la que nos vende el lado cursi, el sueño americano. Transformar un pequeño establecimiento en un negocio gigante con sucursales en todo el país. La segunda es en la que apreciamos el crecimiento, un poco macabro, del personaje principal. La ambición hace su trabajo y se empieza a llevar de encuentro a quienes lo rodean.

 

En esta nota preferiría no dar muchos spoilers. Lo que sí quiero decir es que “The founder” no pierde el ritmo en ningún momento. Por un lado es porque está bien escrita y dirigida. Por otro lado, sería muy complicado hacer una historia tan interesante, aburrida. Puntos extra para Michael Keaton, que obviamente lo iba hacer excelente, pero también para los actores Nick Offerman y John Carroll Lynch como los hermanos McDonald. Laura Dern, como la primera esposa de Ray Kroc, está un poquito desaprovechada.

 

Para terminar, el gran pero que le pongo es lo que  mencioné anteriormente: faltó ver hamburguesas. La vida de Kroc puede ser muy interesante, pero personalmente me quedé con ganas de ver más del McDonald’s retro y un poquito de food porn. Aún así, en los primeros minutos hay varias escenas que fueron suficientes para saber que, antes de que termine la semana, estaré otra vez en la ventanilla del auto servicio recogiendo mi Big Mac.

 

 

03 de noviembre del 2017

La serie foodie de Netflix

Redacción por:
Fotografía por:

 

*Contiene spoilers

 

No soy experta en las artes culinarias, ni siquiera sé cocinar. Sé producir video y llevo poco más de dos años haciendo eso para las redes sociales de esta revista. En este tiempo me he dado cuenta que cuando entras al mundo gastronómico ya no hay vuelta atrás. Te vuelves más picky con tus alimentos y le piensas a la hora de invertir tu dinero en un restaurante, pero el estómago lo agradece.

 

Tratando de aprovechar la inspiración que me puede dejar este trabajo, decidí escribir una columna donde pueda recomendar películas, series, o cualquier otra cosa que se me atraviese en el área audiovisual relacionada con la comida. Hoy quiero hablar de mi serie favorita, “Master of None”.

 

Justo acabo de ver la entrega 69 de los Emmy, donde este programa, creado y dirigido por Aziz Ansari, ganó el premio a Mejor Guión de Comedia. “Master of None” lleva sólo dos temporadas, ambas valoradas positivamente por la crítica. Aunque mi consejo para los demás siempre ha sido que no se guíen por las estrellitas que tenga un show, en este caso les diré que tienen toda la razón: esta serie es brillante. Es difícil para mí saltarme los halagos de cada aspecto, pero como no tengo caracteres infinitos me tendré que enfocar en lo que importa aquí: la gastronomía.

 

El protagonista tiene un genuino y conocido amor por comer bien y eso es algo que salta una y otra vez en la mayoría de los capítulos. Sólo hace falta entrar al Instagram del comediante (@azizansari) para ver muchísimas fotos de su platillo favorito, la pasta.

 

Durante la primera temporada, estrenada en el 2015, muchas de las escenas se filmaron en restaurantes que Ansari considera los mejores de NY. Son varias las conversaciones que tratan acerca de la obsesión de Dev (su personaje), por decidir dónde probar los mejores tacos, la mejor pasta, el mejor BBQ, y muchos otros platos típicos de diferentes países, que se nota, realmente son los favoritos del actor.

 

Después de esos primeros diez capítulos, creo que es en la segunda temporada cuando la comida pasa a tener un papel importante en la trama. Empieza con Dev viviendo en Italia, educándose para cocinar una pasta perfecta. Al regresar a NY intenta retomar su carrera en la actuación, pero termina siendo anfitrión del programa “Clash of the Cupcakes” (parodia del reality “Cupcake Wars”). Desesperado por salir del ridículo, pero bien pagado trabajo, se une a su productor para crear el programa “BFF Best Food Friends”, en el que recorren lugares de todo el mundo buscando lo mejor en gastronomía.

 

Cuando la situación no gira alrededor de la comida, al menos hay algo presente en el capítulo para antojarnos. Después de terminar ambas temporadas, dan ganas de hacer un viaje a NY con el único propósito de recorrer los restaurantes que tienen la aprobación de “Master of None”.

 

Por si el aspecto foodie no fuera suficiente para convencerlos de ver la serie, también se las puedo recomendar por los excelentes temas que maneja, por los actores que hacen personajes que se sienten reales, y por un humor inteligente que no deja de ser divertido, algo que no es fácil de encontrar en una comedia.

 

 

01 de octubre del 2017

El cine y su amor por la comida

Redacción por:
Fotografía por:

En el séptimo arte hay bastantes historias que giran en torno a la gastronomía. Después de mucho pensarle y antojarme, hice una selección donde la comida es EL personaje. Dejé fuera comedias y chick flicks porque la mayoría las conoce y el chiste es recomendarles algo que tal vez no sería su primera opción.

 

La histórica:
“Los sabores del palacio” (2012)

Basada en la vida de Hortense Laborie, chef oficial del presidente francés François Miterrand. Quise incluir este filme porque siempre es interesante ver hechos verídicos en la pantalla grande, aunque tal vez su trama no sea la más impactante. Un tiempo después de verla podrías olvidarte de muchos detalles de la historia, pero seguro las escenas de comida serán memorables.

 

La animada:
“Ratatouille” (2007)

No los quiero hacer sentir viejos, pero esta película de Pixar ya cumplió la década. El protagonista, Remy, es una rata que no se quiere conformar con comer sobras de los humanos. Gracias a su súper olfato sabe encontrar los mejores alimentos y a través de un libro de cocina, que encuentra por casualidad, se convierte en un profesional. “Ratatouille” retrata perfectamente lo fuerte que puede ser la nostalgia que despiertan los aromas y sabores de un buen plato.

 

La mexicana:
“Como agua para chocolate” (1992)

Una de las películas nacionales más sobresalientes, es ambientada a finales del siglo XIX. El personaje principal es Tita, cuya severa madre la obliga a quedarse soltera para que la cuide hasta morir. El pretendiente de Tita es presionado para casarse con la hermana mayor de la protagonista, quien no es tan bonita. La gastronomía juega un papel relevante por ser el escape de la realidad de la protagonista. Las escenas de cocina te hacen babear y querer correr a la carretera o a algún lugar donde puedas encontrar auténtica comida mexicana.

 

La gringa:
“Una buena receta” (2015)

Traté de omitir filmes comerciales para recomendar algo diferente, pero me parece justo incluir al menos uno. En éste, el chef Adam Jones trata de volver a la cima y ganar sus tres estrellas Michelin después de un pasado conflictivo. El problema es la actitud problemática y el poco tacto que tiene con su equipo en la búsqueda de la perfección. Puede llegar a ser predecible, pero como buena película hollywoodense, cumple con entretener y nos regala muchas escenas para salivar.

 

La clásica:
“El festín de Babette” (1987)

Fue la primera cinta danesa en ganar el Óscar a Mejor Película Extranjera. La protagonista, Babette, es una chica de París que llega a una aldea de Dinamarca huyendo de la guerra civil. Después de ser recibida con hostilidad, gana repentinamente la lotería y prepara una cena increíble para el pueblo. La gente acepta su invitación de mala gana, pero gracias a las delicias que prepara la anfitriona, no les queda de otra más que ceder ante el placer de la comida. Creo que este es el mejor ejemplo de lo que mencioné anteriormente: hacer de la gastronomía un elemento vital para el filme.

 

 

Charly's Taquitos

Una barbacoa de pozo fuera de lo común y gran variedad de tacos día y noche.
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