05 de Junio del 2017

Deme el plato de mi abuela, por favor

El pay de plátano, un postre regio que gana cariño rápido.
Redacción por: Orianna Camejo
Fotografía por:

Foto Los Pasteles de Laura

 

 

¿A qué sabe la infancia? A plátano. Ese sabor simple, meloso y azucarado que puede habernos perseguido desde pequeños. Es mi caso y no me había dado cuenta hasta este fin de semana.

 

Un domingo de fútbol me invitaron al Botanero Moritas de Garza Sada. En el minuto 70 del partido nos trajeron un pay de plátano y un carajillo para acompañarlo. “Esto es Monterrey, es el postre típico de acá”, me contaron. Ya a estas alturas no etiqueto la comida como “regia”.

 

Cuando uno prueba un plato extraordinario, eso queda fijado en la memoria y en el mapa. Lo curioso es que ese pay sacado del horno de algún hogar me llevó directo a la casa de mi abuela.

 

Plátano, galleta y leche, ingredientes muy cercanos al queso crema, galleta, cajeta, nueces y dulce de leche que tiene el pay. De tal manera, ahora el mismo sabor me dará dos memorias en lugares distintos. Muy pocos platos tienen este poder.

 

La fanaticada del fútbol, algo que ya he confirmado está en las raíces regias, se abalanzaba sobre los televisores cuando se marcaba el minuto 80. Yo estuve a otra velocidad disfrutando el pay y el carajillo shakeado, un anglicismo que he aprendido a usar en tierras mexas.

 

Hasta ahora había visto la cocina mexicana como una escalera interminable de niveles gastronómicos. Y todavía lo es, pero ya el peso de lo desconocido se pierde un poco si algo de toda esta nueva comida –que debo experimentar como mi nuevo día a día– me hace recordar o tiene sabores familiares.

 

 

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@orian.na

Las opiniones que aparecen en esta columna son responsabilidad del autor y no necesariamente las de este medio".
09 de Mayo del 2017

Huitlacoche, el umami mexicano

Tenía curiosidad mezclada con una pizca de asco visual y mucha falsa filantropía por lo "exótico".
Redacción por: Orianna Camejo
Fotografía por:

 

De vuelta en Venezuela, en 2015, en un taller de crónica cultural escuché por primera vez lo que era el huitlacoche. Fue un curioso ejercicio para dinamitar nuestras percepciones del gusto. ¿Qué nos pidieron? “Hagan una nota rápida recomendando el huitlacoche, sólo les diré que es un producto mexicano que se puede vender hasta más costoso que la carne”. Y así lo hicimos. Unas pocas líneas de “prueba esta delicia, este suculento plato”. Cuando entregamos el ejercicio nos explicaron qué era el huitlacoche.

 

Y ahí caímos todos por ingenuos.

 

Así que desde 2015 tengo esa curiosidad mezclada con una pizca de asco visual y mucha falsa filantropía por lo “exótico”. ¿Cómo es comer huitlacoche? Les tengo un spoiler: no busqué el restaurante, la casa donde se conozca que lo saben preparar a la perfección. Me fui de boca y lo compré en el mercado para hacerlo en casa.

 

Media cebolla, 3 dientes de ajo, un habanero verde y un poco de Bohemia. Hacer crónica sobre este fracaso culinario es igual de interesante que de haberlo hecho bien. Su sabor fue extraño. No se distinguía ninguno de los condimentos que le agregué. Nada del ajo, la cebolla ni el habanero. Su sabor es mucho más sutil que el de los champiñones, como lo hacen vender en las secciones de los mercados.

 

Aquí es donde debe entrar la técnica y la práctica. Hagamos que busqué la experiencia del huitlacoche, el sabor que deja después, su naturaleza fermentada y el balance perfecto de su bacteria. Pero solo probé un huitlacoche tan ingenuo como mi primera nota que no se acercó al producto final.

 

Por los momentos, así entreno mi paladar. No sólo a Monterrey, sino a la cocina mexicana. Una segunda conclusión es que para llegar a conocerla bien no nada más requiere tiempo, sino desencuentros. Y como los chiles o los champiñones –y en este caso el huitlacoche– también se necesita adaptar las papilas gustativas para poder saborearlo.

 

 

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02 de Mayo del 2017

Los niveles del maíz

El elote es un ingrediente familiar alabado en platos distintos.
Redacción por: Orianna Camejo
Fotografía por:

 

Somos culturas del maizal. La buena costumbre del oro amarillo existe en México y en Venezuela, pero qué formas tan distintas tiene. Para nuestra alegría, podemos ser hombres de maíz, pero nos condimentamos distinto. Y en Monterrey se puede disfrutar para llevar mientras caminas por el centro.

 

Cuando supe que existían los elotes, decidí probarlos así hiciera 36 grados, como era el caso en medio de la Macroplaza a las cuatro de la tarde de un domingo. Más adelante sabría que el elote tiene muchas sucursales, pero no todas llevan al sabor del cielo. “Los elotes no los puedes comer en cualquier lado, debes ir a donde sabes que los hacen bien”.

 

Esa es una constante: debes ir a los lugares donde traten este cereal con la frescura que merece. De allí la diferencia entre las tortillas de supermercado y las recién tostadas en el comal. La misma diferencia que hay a 3,896 kilómetros en Caracas, donde la cachapa de maíz pilado no se encuentra en cualquier lado. Esta cualidad de tener que buscar hasta conseguir el sabor que te gusta a ti es con toda la comida, pero al tratarse del maíz, es conseguir ese sabor que recuerda a la infancia. Por eso debe ser más interesante y más exigente.

 

Ese domingo no reconocí el sabor del maíz entre tanta crema, chile y salsa de queso. Pero, de nuevo, no hay un solo lugar ni forma de comer elotes. Desde que era niña he probado el maíz junto a mantequillas, sueros y quesos, ahora sólo falta un poco de chile y limón.

 

Ya probé el elote, ahora nada más necesito probar un buen elote. ¿Cuál es el otro nivel del maíz que estoy buscando? El huitlacoche. Pero para éste último se debe ir directo a la fuente, así que debo caminar y buscar un par de semanas más.

 

 

 

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23 de Abril del 2017

El primer sabor a Monterrey

Ante lo nuevo uno puede dudar, pero cuando se trata de comida el único verbo posible es “probar”.
Redacción por: Orianna Camejo
Fotografía por:

 

Las calles huelen a humo y tortilla de maíz. Las vallas publicitarias adornan la ciudad de cerveza y botanas. Así veo Monterrey, luego de ocho horas en avión y 4 mil kilómetros de distancia de casa.

 

Aquí la comida lo es todo. Lo anuncia la fachada iluminada de El Rey del Cabrito, lo confiesa el aroma de los tacos al vapor en las calles. Descubrí mi ignorancia sobre la verdadera comida mexicana al mismo tiempo que quedaba enamorada de lo que me estaban sirviendo.

 

En mis primeras 48 horas llegué a probar tacos y cervezas de todo tipo de locales y nombres. Unos de choriqueso, una Negra Modelo, unos gobernador con salsa verde. Mi educación gastronómica ha sido veloz con la tortilla de maíz y la cebada. Los Tacos Qué pashó, la Taquería Orinoco, El Torito Sinaloense y Almacén han sido algunos de los lugares más emblemáticos que, desde el primer día, quedaron como favoritos.

 

Lo mejor de todo esto: para llegar al corazón de la cocina mexicana hay que recorrer pueblos, probar los platos caseros, aprender a adorar la palabra “chicharrón” y perderle el miedo al chile. Uno a la vez, para no extraviar las papilas gustativas. Así que por mucho que diga a qué me sabe Monterrey, ese sabor sería superficial. Como decir lo perfecta que es la unión del limón, de la cebolla y del cilantro.

 

Mi sabor es el de una vida de construir el paladar y desafiarlo. Más allá de la mayo-cilantro que está disponible en todo tipo de locales (hasta en pizzerías, algo que como sobrina de italianos me sorprendió). No sé cuál sea el plato que define esta ciudad, me queda mucho por probar. Pero lo que he visto y probado me acerca a una cocina donde la mezcla de salsas y texturas desafía la mirada pero hace que quieras comer cada plato no una, sino mil veces.

 

 

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  • Huajuco Grill

    Nada como unos ricos tacos de arrachera, salsa calientita y frijoles charros especiales.
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    sábado 19 de agosto 2017
    Comida
    Casual
    Holy Cow
    Lo suyo son las hamburguesas pero también venden ensaladas, hotdogs, botanas y más.
    Cena
    Foodtruck
    Zapote Negro Foodtruck
    Cocina internacional, encontrarás salbute yucateco, empanadas horneadas, lasaña, y quesadillas de maíz azul.
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