09 de julio del 2017

Lo que más afecta a nuestro equilibrio

Hay aditivos químicos que afectan nuestra salud y metabolismo, promoviendo enfermedad y sobrepeso.
Redacción por: Sandra Estrada

Suelo decir que yo no satanizo a ningún alimento, y es que no tengo nada en contra de ningún ALIMENTO: frutas, verduras, granos y cereales, nueces y semillas, leguminosas y proteína animal. Pero otra cosa son los aditivos químicos que no están destinados para consumo humano, aunque así lo acostumbremos.  Los que ayudan a dar color, sabor, mayor vida de anaquel, mejor textura, mejor apariencia; los que se encuentran en la mayoría de los alimentos procesados que consumimos y que son tan difíciles evitar.

 

Nos debería llamar bastante la atención que muchos de estos aditivos están desde hace tiempo prohibidos en Europa y otros países, mientras que la FDA (Food & Drug Administration) sigue permitiendo su consumo en Estados Unidos (y por ende en México, ya que la COFEPRIS tiende a alinearse con ellos y aparte usamos sus productos). Incluso algunas empresas que venden los mismos, tanto en EUA como en Europa crean dos versiones y los formulan con diferentes ingredientes, permitiéndose seguir usando estos aditivos tan dañinos (pero más baratos) acá que aún no los prohíben. La mayoría están relacionados con todo tipo de enfermedades, desde asma, hiperactividad en los niños, alergia, fatiga, depresión, hasta cáncer. Además, trastornan nuestro sistema hormonal y nuestro metabolismo, promoviendo el sobrepeso y la obesidad.

 

También deberíamos saber que la gran mayoría no han sido estudiados. La FDA tiene registro de aproximadamente tres mil de estos aditivos, mientras que la cantidad de químicos que ahora ha entrado a la cadena alimenticia asciende a diez mil.  Y aquí vale la pena hacer conciencia también de que, aunque se realicen estudios para comprobar su seguridad, es casi imposible saber el efecto que tendrán pues se analizan aislados, no combinados con todo el coctel de otros químicos con los que los mezclan en un producto.  El efecto de varios de éstos juntos puede ser trágico y son tantas las combinaciones y cantidades que ingerimos en cada alimento procesado que es de locos poder medirlo. Además está el factor tiempo.  Los estudios son muy cortos y de resultados inmediatos. No sabemos qué pasa con la exposición prolongada.

 

Otros problemas: son muchísimos los que ni siquiera te enteras que estás consumiendo porque la industria no está obligada a enlistarlos en los ingredientes (aproximadamente cinco mil); para productos nuevos la misma empresa es la encargada de realizar sus estudios, lo que da pie a infinidad de conflictos de interés; muchos aditivos están catalogados ya como “generalmente reconocidos como seguros”  (GRAS por sus siglas en inglés:  generally recognized as safe) y la industria puede escudarse así para no enlistarlos ni investigarlos más.  (Las grasas trans son un perfecto ejemplo de esto, que después de mucho tiempo de considerarse seguras nos hemos dado cuenta que no lo eran);  otros de éstos tóxicos pueden entrar bajo categorías que se escuchan muy inofensivas como por ejemplo “saborizante natural”, que no por natural tiene nada de seguro; etcétera.

 

Leer etiquetas se ha vuelto una tarea imprescindible para quien quiere conservar su salud, pues estamos consumiendo cada vez más “productos alimenticios” en vez de alimentos verdaderos, que transforman totalmente al alimento original, ya sea mediante los procesos a los que los someten, y/o a través de tanta basura que les agregan. No nos salvamos de consumir algo de esto, pero podemos reducirlo un montón si compramos sólo en la periferia del supermercado, donde está el alimento verdadero, no en los pasillos repletos de alimentos procesados, y eligiendo productos orgánicos y de libre pastoreo en la medida de lo posible.

 

Al comprar orgánico evitarás:
Hormonas de crecimiento.
Antibióticos en carne y lácteos.
Pesticidas, herbicidas, fungicidas.

 

Al leer etiquetas, trata de evitar:
Jarabe de maíz de alta fructosa.
Endulzantes artificiales (aspartame, sacarina sucralosa, eritritol, acesulfame)
Conservadores (nitritos y nitratos, BHA y BHT, parabenos)
Grasas trans:  aceites hidrogenados.
Saborizantes naturales y artificiales.
Colorantes.
Acondicionadores de masa como azodicarbonamida.
Carragenina.
Glutamato monosódico.

 

Al comer peces grandes como el atún
Sólo de vez en cuando.
Evitar pesticidas comprando orgánico evitarás metales pesados.
Evitar empaques de plástico.
Latas evitas el BPA.

 

A comer de manera más consciente.

¡Saludos!

 
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