Bebidas - Cerveza - Ley de pureza alemana
01 de junio del 2017

La ley de pureza alemana

Spoiler, no voy a hablar románticamente sobre ella, sino más bien a romper sus mitos.
Redacción por: Eslem Torres

 

Si me dieran un peso cada vez que veo una etiqueta presumir de cumplir la Reinheitsgebot, mejor conocida como la ley de pureza alemana, tendría como para comprar dos caguamas y de las grandotas. Y yo también me la creería, si no fuera por mi inclinación natural a cuestionar todo. Evidentemente nunca fui el alumno favorito de mis profesores.

 

Los alemanes presumen mucho de su cultura cervecera y la joya de la corona es la Reinheitsgebot. Esta ley (al menos la original de 1516) restringía los ingredientes que se podían usar en la cerveza a sólo agua, cebada y lúpulo. Los granos malteados eran una tecnología que aún no se desarrollaba y la levadura todavía no era descubierta como la conocemos, por lo que quedaron excluidas. Esto era así porque la comida escaseaba, el trigo y centeno se usaban principalmente para hacer pan y por ello se prohibía su uso en la elaboración de cerveza. Y no fue sino hasta 1918, dándole al clavo a una extraordinaria campaña de branding que vendría después, que se le empezó a llamar Ley de Pureza, la Reinheitsgebot.

 

Como toda ley debería, ésta ha sido actualizada conforme los años para mantenerse vigente a las necesidades y tecnologías conforme se van descubriendo, siendo la más significativa la de 1993 (que es a la que se suele referir cuando se presume de respetar esta ley) la cual permite que las cervezas de fermentación alta  – las que llamamos Ale – puedan ser elaboradas con cualquier grano malteado. Mientras que las lager, el verdadero orgullo alemán, son más restrictivas y sólo permiten el uso de los cuatro ingredientes esenciales: agua, malta de cebada, lúpulo y levadura.

 

La industria cervecera alemana, sobre todo la de lagers de consumo y producción masiva, ha perpetuado la leyenda de que esta ley le da superioridad a sus cervezas, pues les conviene hacerlo por marketing. Y aunque estas limitaciones han funcionado muy bien para definir lo que la cerveza es hoy en día, corta mucho la creatividad que un productor podría tener.

 

Para mantener vivo el mito, en 2013 la asociación cervecera alemana buscó que la UNESCO diera a la Reinheitsgebot el título de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad (algo que he promovido se le dé al disco “Discovery” de Daft Punk) a lo cual la UNESCO respondió que no pretendían reconocer una ley que limitara y diera restricciones. Curiosamente en 2016 se le dio este título a la cultura cervecera de Bélgica, que es por mucho la que menos restricciones le pone a los productores sobre cómo hacer sus cervezas.

 

La Ley de Pureza Alemana es un tema sensible y algunos podrán verla aún con admiración. Yo no y la veo como lo que es, una gran herramienta de marketing actual que está quedándose atrás con las tendencias de hoy en día, y lo digo mientras bebo una deliciosa English Pale Ale con albahaca y yerbabuena que hice recientemente.

 

 

 
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